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León

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El PP mantiene su disposición a hacerle un hueco a Vox en las conversaciones. No obstante, reprocha que se sitúe una línea roja en torno a la violencia de género, un problema que el líder popular Pablo Casado pidió el pasado miércoles sacar del debate partidista y no politizar, ya que se trata de una «terrible lacra social» contra la que todos los partidos deben ir juntos.

El asunto, sin embargo, amenaza con abrir una brecha interna en la formación conservadora. Borja Sémper, portavoz popular en el Parlamento Vasco, apuntó ayer que «no merece la pena» llegar a un acuerdo con Vox en Andalucía a cambio de retirar la dotación presupuestaria contra la violencia machista. «Hay cosas con las que no se puede jugar ni pueden estar sujetas al mercadeo populista», afirmó el diputado autonómico en este sentido.

Desde Ciudadanos, Marín insistió en que, tras su acuerdo con el PP, deben ser el resto de partidos las que se posicionen sobre el futuro gobierno. «Habrá una investidura y ahí cada fuerza política tendrá que decidir que hacer», dijo.

Es decir, que Ciudadanos cuenta con que Vox se vea entre la espada en la pared y opte por un Gobierno de centro derecha como mal menor.

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Marín dejó así la pelota sobre el tejado de los de Abascal, recordando que el acuerdo suscrito es suficientemente amplio para que se detengan a reclamar la retirada de un solo punto. «Si Vox decide bloquear el Parlamento o que haya nuevas elecciones, pues tendrá que explicarles no solamente a sus 400.000 votantes sino a los 8,5 millones de andaluces, por qué no hay cambio en Andalucía», zanjó Marín este asunto que parecía llano y se está poniendo cuesta arriba.