Diario de León
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Hace 26 años que los debates electorales aterrizaron en las campañas electorales españolas. Tras el parón con el PP entre 1996 y 2008, los ha habido de todos los colores. Primero, con los líderes de PSOE y PP, pero a partir de 2015, con la irrupción de Podemos y Ciudadanos, pasaron a ser a cuatro, y en esta ocasión hubiese llegado hasta cinco de no intervenir la Junta Electoral Central para dejar fuera de la pelea a Vox. 1993: González contra Aznar Fue un doble duelo en una de las campañas más apretadas de la historia. El resultado fue salomónico. José María Aznar logró arrinconar en el primer cara a cara al líder socialista, quien por aquel entonces arrastraba las mochilas de la crisis económica y la corrupción. Tras el primer duelo, el PP quiso vender la piel del oso antes de cazarlo. Y se equivocó. Una semana después de aquella derrota reconocida hasta dentro del propio PSOE porque su candidato no se había preparado el choque, González salió al plató a por todas. El 75% de la audiencia observó como el presidente del Gobierno pasaba por encima al líder conservador. No se sabe si fue por aquella derrota, pero el caso es que Aznar no volvió a aceptar ningún debate y hubo que esperar a 2008 para volver a ver un cuerpo a cuerpo entre dos candidatos a la Presidencia del Gobierno 2008: Zapatero contra Rajoy Mariano Rajoy no quiso debatir en 2004, aunque sí accedió a hacerlo cuatro años después. Fue un doble duelo del que salió mejor parado el presidente socialista, aunque sin hacer demasiada sangre al adversario. Si Zapatero presumió de gestión económica justo antes de que llegase a España el tsunami de la crisis, Rajoy atacó al jefe del Ejecutivo con el terrorismo etarra. Pero lo más recordado fue sin duda los mensajes finales del líder de la oposición: «Yo quiero que la niña que nazca en España tenga una familia y una vivienda, y unos padres con trabajo...»., dijo en el primer debate. Y en el segundo insistió: «Señoras y señores. Ya termino. El otro día hablé de una niña. En esa niña pienso, en esa niña que va a crecer, que tiene que estudiar, que quiere tener una vivienda. Esa niña está en mi cabeza, esa niña es la que mueve mi sentimiento y mi corazón. Esa niña». Y así quedó para siempre bautizada como «la niña de Rajoy».

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