Torra no reconduce la aguda crisis entre JxCat y Esquerra

El presidente de la Generalitat, Quim Torra. ENRIC FONRTCUBERTA
CRISTIAN REINO | BARCELONA
La crisis entre las fuerzas independentistas subió ayer otro grado, a la espera de la votación de hoy en la Diputación de Barcelona. El pacto suscrito entre el PSC y JxCat para que los socialistas presidan el gobierno provincial es la gota que colma el vaso en unas relaciones muy tocadas, casi heridas de muerte, que vienen ya de lejos.
La diputada de JxCat, Elsa Artadi, afirmó el lunes que la unidad secesionista había tocado fondo, pero la caída libre en la que se encuentran las relaciones entre la dos fuerzas que dan apoyo al Gobierno catalán parece no tener fin. Y es que hacía tiempo que la tensión entre las dos fuerzas independentistas no era tan palpable como la que se vivió este miércoles en la Cámara catalana. Unos y otros se miraban de reojo y no ocultaban sus diferencias. El cruce de reproches -en público y en privado- no fue el de dos socios, sino en el dos enemigos irreconciliables. Ambos se acusaron mutuamente de mentir. ERC se siente traicionado y advierte de que si se mantiene el pacto entre Junts y socialistas en la Diputación de Barcelona será un «antes y un después», y amenaza con precipitar el adelanto electoral. «Vuelve la sociovergencia», señalan los republicanos. Y atentos, dicen, porque es un «aviso» para la próxima legislatura catalana.
Desde el otro lado de la trinchera replican a los republicanos que si quieren frenar la presidencia del PSC en la Diputación de Barcelona lo que tienen que hacer es revertir las alcaldías en Sant Cugat y Figueras, en manos de Esquerra tras pactar con también con los socialistas. El cuadro de la desunión lo acabó de pintar la ANC, que este miércoles se manifestó frente a las sedes de ambos partidos denunciando los pactos con el PSC.