Iglesias se rinde: acepta el acuerdo que rechazó en la investidura
ramón gorriarán | madrid
Pablo Iglesias se retrotrajo un mes atrás para afirmar que hoy sí aceptaría la oferta de gobierno de coalición que le hizo Pedro Sánchez, que entonces desechó y tumbó la investidura del socialista. «Me deja perplejo», respondió el ministro José Luis Abalos, uno de los negociadores socialistas, que volvió a recordar al líder de Unidas Podemos que ese tren ya pasó y no volverá. Los términos del acuerdo que se pueden discutir ahora, explicó el secretario de Organización del PSOE, son el pacto a la portuguesa sin ministros ni otras prebendas. Cinco semanas después, en definitiva, la encrucijada es la misma, coalición gubernamental o elecciones el 10 de noviembre, y gana enteros la segunda.
Sánchez intentó rebajar la incertidumbre que crece día a día, y dijo estar «esperanzado» en llegar a un acuerdo que a día de hoy no se vislumbra por ninguna parte. La boya de su confianza es el documento con 300 medidas que presentará el lunes a la dirección del PSOE y el martes al resto. Es, dijo, una oferta «progresista, ambiciosa, reformista, transformadora y modernizadora», que contiene medidas defendidas por Unidas Podemos en su propuesta del 20 de agosto y con aportaciones extraídas en las 24 reuniones mantenidas con organizaciones sociales de todo tipo en el último mes. Pero su recorrido es incierto. Iglesias ni hizo mención a ellas durante una entrevista en la cadena Ser, en la que se centró en la fórmula de la coalición gubernamental como único territorio para el entendimiento. PP y Ciudadanos no se sienten concernidos por ese texto, mientras que los intereses del resto de grupos, desde el PNV a los independentistas catalanes, Compromís o los regionalistas cántabros, discurren por otros derroteros.
El secretario general de Unidas Podemos puso fin ayer a su vigilia de silencio veraniego, y lo hizo con un enredado ejercicio retórico. Intentó justificar que el 23 de julio rechazara por engañosa la oferta de contar una vicepresidencia y tres carteras ministeriales, pero que ahora ese mismo paquete es aceptable. Con un estrambote, que incluya las políticas activas de empleo, añadido que ya rechazó en su momento el presidente del Gobierno. «Si vuelve a hacer la misma oferta» de julio, afirmó Iglesias, habrá acuerdo «en cuestión de horas». Pero si opta por el acuerdo programático sin participación gubernamental, prosiguió, no habrá nada que hacer porque esa fórmula ya se demostró inútil tras la moción de censura de hace 15 meses, que se tradujo en un Gobierno monocolor socialista «débil e inestable» que condujo al adelanto electoral.
Socio vigilante
El líder de los morados elevó el tono para negar que busque una repetición de las elecciones, un objetivo que más bien situó en el punto de mira socialista. «Si no las quiere, que negocie» porque si no discute los términos de un gobierno de coalición, subrayó Iglesias, es que Sánchez ya tiene decidido que se vuelva a votar el 10 de noviembre. El ministro de Fomento cumplió con el papel del sorprendido. «No entiendo que ahora sea válido —dijo— lo que fue despreciado porque era una humillación, irrespetuosa y poca seria». «¿Qué quiere decir - que obraron mal en aquel momento?». Y con un punto de condescendencia, reconvino a Iglesias: «Hay que saber valorar las oportunidades». Abalos insistió en que la coalición es agua pasada porque no se puede compartir Consejo de Ministros con un «socio» que ejerce de «vigilante». Hay además un segundo elemento, acotó, «la actitud de Iglesias no invita a confiar».
Las escasas esperanzas que albergan los socialistas, a pesar del optimismo desplegado por Sánchez, se pueden comprobar en el calendario que manejan. No tienen previsto reunirse con UP, ya sea con un encuentro de sus líderes o de los equipos negociadores, hasta la segunda semana de septiembre.