El nuncio da por cerrada la crisis entre el Ejecutivo y los obispos
El nuncio de El Vaticano en España dio por zanjada la crisis abierta entre el Gobierno de José María Aznar y la Conferencia Episcopal a propósito de la pastoral de los obispos vascos. Monseñor Manuel Monteiro señaló que la tensión en las relaciones entre el Ejecutivo y el Episcopado son propias de un grupo de «amigos» o de «familias» en los que hay «momentos mejores y peores, altos y bajos», pero que no afectan al fondo de los vínculos. El representante de Juan Pablo II en España quiso dar por cerrada la crisis entre los obispos y el Gobierno con su presencia en el primer acto público de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, la exposición fotográfica «Terrorismo y Libertad», junto al vicepresidente primero y ministro de Interior, Mariano Rajoy, y otros altos cargos del Gobierno y del Congreso. Monteiro señaló que su presencia en el acto evidenciaba la normalidad de las relaciones con el Ejecutivo de Aznar y, además, que la Iglesia Católica está del lado de las víctimas del terrorismo. El nuncio no intervino en el acto de presentación de la exposición, pese a que estaba previsto que lo hiciera, pero en declaraciones posteriores indicó que las relaciones con el Gobierno eran «buenas y fluidas». Monteiro se esforzó en convencer de que la crisis abierta a raíz de la pastoral de los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria crítica con la ilegalización de Batasuna era un asunto pasado. Evitó, no obstante, comentar el comunicado de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal en la que rechazaron las críticas del Gobierno a la pastoral de los prelados vascos por «injustas y desproporcionadas». Manifestó que utilizar el término «crisis» para referirse al episodio abierto con la pastoral es «inadecuado» porque fue incidente propio de «una familia o de amigos» en el que hay «momentos buenos y no tan buenos». El nuncio apuntó que «ya querría la Santa Sede que las relaciones que mantiene con 300 países fueran tan fluidas como las que mantiene con España». Al acto no asistió, sin embargo, ningún representante de la Conferencia Episcopal, organismo que se negó a firmar el «Pacto por las libertades y contra el terrorismo».