OPINIÓN Julia Navarro
Las palabras de Cardenal
Tiene razón Iñaki Anasagasti cuando expresa sus quejas por el lenguaje utilizado por el Fiscal General del Estado, Jesús Cardenal, al presentar la demanda para la ilegalización de Batasuna. Qué quieren, eso de que el Fiscal haya pedido al Supremo que «libere» a una parte de España de Batasuna, suena un poco fuerte. Es verdad que en el País Vasco buena parte de los ciudadanos tienen miedo a Batasuna. Tienen miedo de expresarse libremente por temor a que haya alguien de Batasuna y le «apunte» en la libreta de los no adeptos. También es verdad que la mayoría de los ciudadanos de este país están hartos de Batasuna, hartos de verles beneficiarse con todos los privilegios del Estado democrático y hartos de contemplar como no sienten ni la más mínima piedad por las víctimas de ETA. Pero dicho esto, el Fiscal General tiene que cuidar el lenguaje, es decir no puede entrar a competir con el lenguaje de los políticos. Se trata de una cuestión de formas, pero las formas son imprescindibles en democracia y por tanto lo que se espera del Fiscal General es que haya presentado una demanda bien documentada a los tribunales para que estos procedan de acuerdo con la ley. Pero eso de decirle al Supremo lo que tiene que hacer, que quieren, chirría por más que, como Cardenal, pueda pensar mucha gente. A mí me parece que en todo este asunto de la ilegalización lo que no se debe es montar el espectáculo. Es decir que el Fiscal debe de presentar su demanda, el Gobierno la suya y, a continuación, dejar actuar a los tribunales pero sin arengarles, por muchas ganas que se tenga a Batasuna. Las pruebas que se presentan contra la formación abertzale parecen concluyentes, pero tampoco son una novedad. Estaban ahí después de veinticuatro años de evidencias de connivencia entre Batasuna, con sus diferentes nombres, y ETA. Sólo que veinticuatro años después todo el mundo parece de acuerdo en que hay que poner coto a Batasuna porque antes, ni siquiera el tribunal que ahora va a decidir lo estimó oportuno. Así las cosas, me parece a mí que sería necesario que quienes representan a los poderes del Estado sean comedidos en sus manifestaciones sin dar sensación de que están en una cruzada contra nadie porque de lo que se trata, digo yo, es de que se cumpla la ley, ni más ni menos.