Los vetos cruzados suben el riesgo de repetición electoral
Cataluña vota el próximo domingo en las que serán las quintas elecciones en poco más de diez años (2010, 2012, 2015 y 2017). Con el riesgo además de que no sirvan para nada y haya que ir a una repetición en verano o en otoño, como ya apuntan algunas fuentes independentistas. Se trasladaría al tablero catalán lo que ya se vivió en la política española en las generales de 2015 y 2019. Si unos y otros están diciendo la verdad en campaña, la formación de un nuevo Gobierno será más que improbable. Aunque como ya ha apuntado la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, lo que pasa en campaña se queda en campaña y tampoco hay que tomarse al pie de la letra lo que prometen los candidatos. El caso es el que el cruce de vetos está siendo el pan de cada día en la carrera electoral hacia el 14 de febrero. Esquerra Republicana y el PSC niegan a diario un supuesto tripartito, junto a los comunes, y afirman que es «imposible» un pacto como el gobernó Cataluña entre 2003 y 2010 con los republicanos, los socialistas e Iniciativa. Además, el PP ha vetado a Salvador Illa; la CUP puso la cruz a la posconvergente Laura Borràs, aunque luego rectificó; Esquerra amenaza también con no respaldar a la cabeza de lista de JxCat, que a su vez se distancia Pere Aragonès; y JxCat y los comunes no quieren ni verse. «No es nada descabellado pensar que vamos abocados a una repetición electoral», reconocen fuentes de Esquerra. Los republicanos, con las encuestas en la mano que pronostican un triple empate entre ellos, JxCat y PSC, tendrán la llave de la gobernabilidad. Tanto si buscan un nuevo Gobierno independentista, junto a JxCat y la CUP, como si se abren a explorar un Ejecutivo que rompa la dinámica de bloques que ha marcado esta última década, y que ponga fin al ‘procés’. En ERC tienen asumido que puede haber nuevas elecciones, pero también admiten que el partido que provoque esa repetición saldrá muy mal parado en los siguientes comicios porque el electorado independentista está harto de tanta batalla interna entre socios y lo que quiere es unidad. El bloque secesionista está herido por una guerra civil desatada desde 2017, pero aún se mantiene unido cuando sus integrantes tienen que defender a los presos o la autodeterminación.
Si gana Esquerra, JxCat y la CUP pondrán una exigencias inasumibles a día de hoy por los republicanos porque regresan a la confrontación con el resto de España con un nuevo referéndum unilateral o una declaración de independencia. Pero si es JxCat la más votada, el riesgo es el mismo.