OPINIÓN Antonio Casado
Aznar se apunta al «nunca más»
En boca de Aznar el «nunca más» -que es la voz de la tierra y sus gentes- suena como un insulto en Galicia. Sin embargo pretende que los gallegos le crean cuando proclama su solidaridad con los afectados y su agradecimiento al espontáneo movimiento de los voluntarios el pasado fin de semana. Hay en sus actuaciones públicas un alto nivel de impostura. La más reciente prueba es su repentino afán de unirse a la manifestación que desfila tras el cartel con el lema «Nunca Mais». Un recurso sobrevenido a la versión oficial de lo ocurrido con el Prestige, donde -dice Aznar-, la gestión del Gobierno ha sido «diligente», «rápida», «eficaz» y siempre inspirada en la «voluntad de acierto». Otra prueba es lo de la «foto». Insiste en que sólo irá a Galicia con soluciones bajo el brazo y no para hacerse una foto como hacen otros. Mentira podrida. Aznar jamás le hizo ascos a una foto electoralmente rentable. La verdadera razón de que siga aplazando su viaje a Galicia no es su inesperada aversión a las fotos demagógicas, sino a su bien fundado temor de que le arrojen el chapapote a la cara en cuanto pise tierra gallega. Capítulo aparte merece la proverbial incapacidad del señor Aznar para aceptar la crítica de los mensajeros: medios de comunicación independientes y adversarios políticos. Aún reconociendo que en sus últimas intervenciones públicas, José María Aznar ha desalojado ciertas dosis de arrogancia -no tantas como para detectar en su discurso una súbita humildad a la hora de reconocer errores-, el presidente del Gobierno sigue sin vencer la tentación de procesar las intenciones de la oposición a pedrada limpia: «desleal», «irresponsable», «antipatriótica», «demagógica», «insolidaria». Así se pone en evidencia: primero, porque revela que está desbordado y carece de fe en su propia capacidad para resolver una situación crítica, y segundo, porque contraviene las reglas del juego político en una democracia sana.