Díaz e Iglesias, el último divorcio de una izquierda basada en la amistad
En febrero, Podemos cumplirá diez años, pero las constantes crisis han marcado su historia

Yolanda Díaz e Íñigo Errejón, en el Congreso, tras abandonar ambos las filas de Podemos. MARISCAL
En los días de vino, rosas y círculos morados de amistad y política, Íñigo Errejón teorizaba con Pablo Iglesias sobre los posibles ejercicios de ‘blitzkrieg’, la ‘guerra relámpago’ acuñada en la segunda gran contienda mundial, sobre la España del bipartidismo sacudida en aquellos años por la irrupción de los debutantes.
Errejón, el universitario que había enternecido a Iglesias cuando se lo encontró comiendo pan con azúcar en la Complutense, perdió su pulso por el poder interno de Podemos en Vistalegre II, se marchó a fundar Más País y aguardó el momento de pasar factura: la foto con Yolanda Díaz el pasado marzo, en un acto compartido sobre precariedad laboral y salud mental, que ilustraba por sí misma el paulatino arrinconamiento de Ione Belarra e Irene Montero ante el avance de la vicepresidenta al frente de Sumar.
Pero la guerra relámpago siempre casó más con la personalidad política que Iglesias sigue irradiando entre los suyos aunque sean menos. Este martes, víspera del puente festivo más largo y del Día de la Constitución, Belarra y los otros cuatro diputados morados consumaron su ‘blitzkrieg’ sobre la coalición de Díaz, y por extensión sobre el PSOE de Sánchez, yéndose al Grupo Mixto.
El jaque sin mate, al menos por ahora —la exministra de Derechos Sociales trasladó a Félix Bolaños esa misma tarde que ella y los suyos tienen intención de hacer valer su peso pero no de reventar la legislatura—, ha terminado por quebrar el último círculo de complicidades sobre las que creó y construyó sus airosas expectativas un Podemos que cumplirá este enero su décimo aniversario. Cuentan que el ‘alma mater’ de Podemos va diciendo a quien quiere escucharle —y no necesariamente solo a la izquierda— que su desconfianza hacia Díaz es irreparable.
En aquellas autonómicas precipitadas por el intento de Sánchez de apoyarse en Ciudadanos como alternativa a sus pactos, Mónica García se zafó del abrazo del oso de concurrir con una candidatura conjunta como pretendía Podemos. García, correligionaria de Errejón, es hoy ministra de Sanidad abrazada a la plataforma de Díaz, cuyo entorno se revuelve contra la versión de la ruptura que la presenta como una arribista que va a transformar el espacio a la izquierda del PSOE en una mera ‘marca blanca’ del socialismo de Sánchez. Se le señaló con el dedo sucesor sin contar con ella y «ese mismo día comenzaron los insultos», es la objeción que pudo escucharse, sin ir más lejos, en los salones del Congreso el Día de la Constitución, horas después de que Belarra y sus otros cuatro diputados se pasaran al Grupo Mixto.
Es elocuente que Díaz haya congregado en torno a Sumar a quienes se han ido sentido agraviados por Iglesias, parte de ellos antiguos amigos como Errejón. Los lazos afectivos que anudaron el primer Podemos, el que iba a romper «el candado del 78» y ve cómo son los independentistas los que tienen ahora la sartén por el mango, comenzaron a desatarse con las salidas del hoy líder de Más País, Carolina Bescansa y Luis Alegre del núcleo inspirador de Podemos. La anticapitalista andaluza Teresa Rodríguez también acabó mal con Iglesias, aunque ella declinó cobijarse bajo el paraguas de Díaz para no enzarzarse en más disputas intestinas.