Diario de León

No habrá moción de censura pero los independentistas y los populares juegan con el desgaste

Todo listo para asfixiar a Sánchez

Puigdemont prepara a Junts para dejar al Gobierno sin oxígeno con el PP de Feijóo en guardia

Pedro Sánchez llega a la Conferencia de Presidentes en Santander.

Pedro Sánchez llega a la Conferencia de Presidentes en Santander.C. Ortiz - Europa Press

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Lourdes Pérez / Cristian Reino
Madrid / Barcelona

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Este miércoles, Pedro Sánchez se sumergió en los corrillos de la tradicional copa de Navidad en La Moncloa armado con el ranking del semanario británico The Economist, que identificaba esa mañana a la española como la economía global con mejor desempeño en 2024, y con una respuesta, entre irónica y desafiante, a la pregunta sobre el futuro de su tercer y convulso mandato: «¿Tú me ves con cara de adelantar las elecciones?». Orillando el último órdago de Carles Puigdemont, quien abrió la semana exigiéndole que se someta a una cuestión de confianza, y la apelación que le acababa de lanzar Míriam Nogueras en el Congreso para que «mueva el culo», con la negociación de los Presupuestos sin ni siquiera haber empezado, el presidente se mostró convencido de que sigue sin tener alternativa viable. Que el eventual acercamiento PP-Junts no es tal porque va «en detrimento» de los independentistas en el tablero catalán y porque le abre dos frentes, interno y externo con Vox, a Alberto Núñez Feijóo.

Ni Junts ni el PP están hoy por forjar, como bien descarta el líder socialista, la alianza de profundo calado político que supondría articular conjuntamente una moción de censura. Pero los secesionistas sí que lo están por apretarle tanto la soga como para que el desenlace final sea o la cesión a lo que piden o el agotamiento, por inanición, de la legislatura; la misma aspiración que albergan ahora los populares, persuadidos de que el desgaste del jefe del Ejecutivo por las crecientes exigencias de sus aliados y por el martillo pilón de las causas por corrupción les aconseja —describen fuentes de Génova— conducirse «sin ansiedad, sin prisas, sin excentricidades y sin hiperbolizar» la labor de oposición.

La cita mensual del viernes en Ginebra entre el triunvirato Puigdemont-Nogueras-Turull y los socialistas Santos Cerdán y Juan Francisco Serrano fue mal. Tan mal como para que el fracaso se tradujera en una intervención del expresidente catalán ante los suyos, reunidos en la localidad tarraconense de Vilaseca, en la que incentivó su ultimátum con ese «así no podemos seguir» 13 meses después de que su partido sellara en Bruselas el pacto con el PSOE, con la ley de amnistía en el frontispicio, que propició la continuidad de Sánchez en La Moncloa. Tan mal como para que llamara a sus cargos y militantes a estar «preparados» para cualquier eventualidad y para «asumir el coste» de las decisiones que la formación deberá tomar en las próximas semanas si el líder socialistas persiste en lo que Junts interpreta como incumplimientos. «No vamos de farol», había incidido previamente Turull.

Es decir, los independentistas trabajan ya con la posibilidad de romper con el Ejecutivo aun cuando rechacen, al tiempo, transformar sus coincidencias con el PP en asuntos socioeconómicos —la última, este martes, con la enmienda consensuada para suprimir el impuesto del 7% a la producción eléctrica— en el impulso a una moción de censura. «No podemos seguir muchos meses más así. Si Sánchez continúa jugando a la ruleta rusa, la legislatura no va a durar cuatro años», constataban en el entorno de Puigdemont ya el viernes, antes de que se destapara el nuevo encuentro en Suiza con el PSOE. Un supuesto que pasaría, hoy y llegado el caso, por que el presidente se viera tan arrinconado como para que tuviera que hacer lo que dice que no hará: adelantar las elecciones.

Ni Junts ni el PP están hoy por forjar conjuntamente una moción de censura pero Junts está por apretar tanto que o cede o hay elecciones

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