Illa, un año en la Generalitat sin presupuestos y en guerra por la financiación
Tras un curso político de alto voltaje, Salvador Illa pasará unos días de vacaciones junto a Pedro Sánchez en la residencia de la Mareta, en Lanzarote. El president de la Generalitat se ha convertido en uno de los grandes apoyos del presidente del Gobierno en la presente legislatura, un año después de ser investido gracias a los votos de Esquerra y los comunes. Ambos —a los que une una estrecha relación desde la pandemia— se conjurarán para encarar un otoño que se prevé caliente. El dirigente del PSC, que fuera ministro de Sanidad, llega a este primer aniversario con la financiación, la aplicación de la Ley de Amnistía y la elaboración del proyecto de Presupuestos de 2026 como principales retos.
Atenazados por el endemoniado equilibro de fuerzas en el Congreso y en el Parlamento de Cataluña por la dependencia que los socialistas tienen de sus socios, Illa no lo ha tenido fácil. Pese a que la aprobación de las Cuentas públicas fue una de sus primeras promesas nada más desembarcar en la Generalitat, Cataluña ha seguido funcionando este año con los Presupuestos, prorrogados, de 2023, ante la negativa de ERC y de su presidente, Oriol Junqueras —que regresó a la primera línea en diciembre— a negociar cualquier acuerdo. Además, la aplicación de la Ley de Amnistía también ha enrarecido los planes de del president socialista.