Diario de León

El feminismo de Pedro Sánchez tropieza con Igualdad y podría cesar a la ministra

Los fallos en las pulseras antimaltrato sitúan en el disparadero a Ana Redondo

Tenía el encargo de rebajar «el ruido» tras la sangría del 'solo sí es sí' bajo mandato de Montero

Ana Redondo ayer, en el Congreso.

Ana Redondo ayer, en el Congreso.J. J. Guillén

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Agencias
Madrid

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El 31 de mayo de 2018 Pedro Sánchez subió a la tribuna de oradores del Congreso, de la que saldría entronizado presidente tras su fulgurante moción de censura, para defender un programa de Gobierno que se hacía eco de un 8 de marzo histórico para las mujeres españolas bajo el aliento de la huelga convocada por el feminismo en todo el mundo. Sánchez se lo espetó a Mariano Rajoy, antes de comprometer, entre otras medidas por la igualdad, un futuro Ejecutivo paritario y el cumplimiento íntegro del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. «Sin excepción», proclamó el entonces aún jefe de la oposición. Siete años después, y tras haber rescatado el ministerio específico para la paridad que creó José Luis Rodríguez Zapatero, la estrategia del Gobierno «progresista y feminista» de Sánchez vuelve a tropezar con una crisis en un departamento especialmente sensible por lo que representa para la base social de la izquierda y por cómo el propio presidente ha agitado esa bandera a modo de divisa de su mandato. La revelación en la voluminosa memoria anual de la Fiscalía General —que luego intentó recoger cable— de «una gran cantidad» de sobreseimientos y absoluciones de maltratadores por el agujero abierto en la migración de datos de sus pulseras de control al cambiarse de proveedor del servicioha colocado en primer plano un problema estructural: las carencias, deficiencias y fallos en esos dispositivos de vigilancia que hoy llevan 4.500 mujeres —con las correspondientes para sus agresores— y que han coadyuvado a que ninguna de las 21.000 que las han portado desde 2009 haya sido asesinada. Las lagunas y, singularmente, las dificultades de Ana Redondo para atajar el escándalo que le ha costado ya la reprobación del Congreso —promovida por el PP y gracias a la abstención de Junts y ERC— han colocado a la ministra en el disparadero. Y a Igualdad, de nuevo, como un quebradero de cabeza para el presidente «feminista». «Ella quería trasladar tranquilidad a las mujeres, pero es evidente que las cosas no han ido como debieran», resume una fuente, cautelosa ante la erosión que la tormenta por las pulseras está provocando en un Ejecutivo en horas frágiles; y con las militantes entre abochornadas e indignadas aún por el recurso a la prostitución, con jactancia soez, del exministro Ábalos y su antiguo lugarteniente, Koldo García. Una fuente que subraya que «muchas» víctimas, también, han agradecido la cobertura salvadora de los dispositivos. Pero otras voces socialistas suenan menos templadas y vaticinan la salida de Redondo si hubiera crisis de Gobierno.

La ministra fue una concesión a las feminstas clásicas

Las feministas «clásicas» jalearon su llegada a Igualdad, mientras Sánchez la excluía de la nueva ejecutiva. Las voces críticas con la ministra creen que no ha logrado labrarse una «auctoritas» entre unas y otras, con su departamento desdibujado y con las militantes padeciendo por la impudicia de Ábalos y Koldo. Logró que el ministerio no emanara «ruido». Hasta que la alarma de las pulseras antimaltrato comenzó a ulular.
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