La incursión de más de mil hombres británicos y estadounidenses permite la toma de la ciudad de Um Qasr, hecho que Irak desmiente

Las tropas de tierra invaden Irak

Las tropas británicas y estadounidenses tomaron anoche la ciudad iraquí de Um Qasr, en la frontera con Kuwait. La o

Soldados de la tropa británica atraviesan el desierto de Kuwait en la frontera con Irak

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León

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Irak desmintió anoche que unidades terrestres de EE.UU. y el Reino Unido hayan consiguieran ayer entrar en la ciudad de Um Qasr. «El puerto está todavía bajo la administración iraquí. Todo lo que ocurrió allí es un intercambio de bombardeos artilleros entre las fuerzas iraquíes y las tropas enemigas», afirmó el portavoz oficial iraquí. La artillería pesada estadounidense abrió fuego con cañones automáticos «paladin» de 155 milímetros y de un alcance de 30 kilómetros hacia las 18.00 horas española contra el territorio iraquí. Los disparos de la defensa antiaérea fueron precedidos por misiles de crucero que tenían por objetivo la elite de la Guardia Republicana. Las tropas británicas tomaron la península de Fao, en la desembocadura de los ríos Eufrates y Tigris, una posición estratégica que abre las puertas a la conquista de Basora, el bastión más importante del Sur. Según la CBS, el desarrollo de esta intervención armada revela que la guerra contra Irak podría intensificarse, pero el Pentágono todavía no ha confirmado que haya iniciado la gran escalada bélica. Los ataques comenzaron la madrugada del jueves y tenían por blanco los responsables iraquíes y particularmente el presidente, Sadam Huseín. No obstante, un corresponsal de la CBS afirmó que mientras que la operación terrestre ha sido adelantada al menos 24 horas, la campaña aérea se ha visto retrasada debido, posiblemente, a la incertidumbre sobre el paradero y el estado de Sadam Huseín. La televisión iraquí difundió ayer dos discursos del presidente iraquí, pero expertos de los servicios de inteligencia dudan de la autenticidad de estas imágenes y creen que podría tratarse de un doble de Sadam Huseín. Fueron sólo cuatro minutos frente a las cámaras de las que todo el planeta estaba pendiente y hace días que George W. Bush se preparaba para enfrentarse a ellos. Estaba sólo, a punto de confirmar lo que Europa y la ONU habían tratado de evitar durante meses: el comienzo de la guerra contra Irak. Los nervios eran más que evidentes cuando apareció en televisión dos horas después de que hubiera expirado el ultimátum dado a Sadam Huseín para anunciar que el ejército norteamericano estaba dando «los primeros pasos para desarmar a Irak». Apenas hubo énfasis en su discurso, leído casi de carrerilla sentado tras la mesa del despacho Oval, construida con la madera de un buque británico que le fue regalada al Gobierno norteamericano por la reina Victoria de Inglaterra. Sobre ella, fotos de su mujer y de sus dos hijas gemelas, un decorado creado a propósito para otorgarle humanidad a un hombre que medio planeta considera más peligroso que al propio Sadam Huseín. Su día había sido frenético. A las ocho de mañana había conversado telefónicamente con Tony Blair para felicitarle por su victoria en el Parlamento británico. Después se vio con la CIA y tuvo la primera de las tres reuniones del día con el Consejo Nacional de Seguridad. «Los planes eran flexibles pero estábamos

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