Diario de León

Los aviones norteamericanos y británicos lanzan el primer bombardeo de día sobre una ciudad machacada y sin casi defensa antiaérea

Irak entrega Basora

Mientras el general Franks daba una orquestada rueda de prensa, con una espectacular puesta en escena, Bagdad esta

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La noche cayó ayer con prisas sobre Bagdad. A las cuatro de la tarde (dos horas menos en España), catorce columnas de humo negro y denso oscurecieron el cielo, según informa María Antonia Vallejo, enviada especial de la agencia Colpisa. La ciudad buscaba así protegerse de los primeros bombardeos diurnos realizados desde el inicio del ataque. Un telón de sombra barrió la luz de un día radiante y soleado mientras las torres de fuego provocadas por el impacto de las bombas arrojadas la noche anterior cercaban casi por completo la periferia urbana. Tras el inicio de la operación Conmoción y terror, Bagdad parece sufrir un cerco medieval impropio de una guerra de los albores del siglo XXI. Por primera vez desde el inicio de la contienda, las bombas golpearon a plena luz del día y rompieron así la tregua tácita que hasta ahora había facilitado a los civiles las actividades diurnas. A mediodía se produjo un ataque en toda regla aunque de baja intensidad. La operación se repitió a las 15:30 y a las 18:30 horas, al margen de algún que otro castigo aislado. Los objetivos se encontraban esta vez en las afueras de la ciudad. Pero ya antes de que cayesen los primeros proyectiles, en cuanto los sistemas defensivos iraquíes detectaron la oleada en camino, comenzaron a arder inmensas piscinas de petróleo que en apenas unas horas cubrieron con una capa de humo negro la capital. El objetivo de la estratagema es la protección de determinados objetivos estratégicos de las fotos del satélite o de las bombas guiadas por láser. Pero hay agua, luz y teléfono. El mantenimiento de estos servicios -que fueron las primeras bajas en la guerra de 1991 junto a los principales centros de poder- parece subrayar que estadounidenses y británicos están enviando un mensaje palmario a todos, iraquíes y observadores extranjeros: esta es una guerra contra el régimen, no contra el pueblo. No obstante, el ataque de la noche del viernes dejó en Bagdad un saldo de 207 heridos, según informó el ministro de Información iraquí, Mohamed Fayed As Sahas. Otras fuentes señalan que también se produjeron tres muertes. Prueba de la precisión quirúrgica de los raids del viernes son los esqueletos de algunos de los más emblemáticos edificios de la administración iraquí. La Corte de Hamurabi, el complejo administrativo de forma piramidal donde se supone se haya el viceprimer ministro Tarek Aziz, sufrió un serio castigado. También el imponente Palacio de Huéspedes, situado a orillas del Tigris y frente a la Torre Sadam, dejaba ver varios flancos tocados por los 320 misiles y las 30.000 bombas que cayeron sobre la ciudad. Pero ni un puente ha resultado afectado aún, ni un solo punto neurálgico de cuya existencia dependa la supervivencia de la población bagdadí. Al contrario, pese a la visible presencia en cruces y rotondas de trincheras hechas de sacos terreros, con policías y milicianos del gubernamental partido Baas en guardia, el frente de batalla sigue estando lejos de los barrios donde se desarrolla la vida cotidiana de la ciudad. Es de prever que en ese entorno se libre la batalla final de Bagdad, para la que, a juzgar por el implacable e incesante asedio de las últimas horas, podría faltar ya muy poco. Al sur del desierto iraquí, Estados Unidos se declaró ayer victorioso en la batalla librada al oeste de la ciudad de Basora,

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