Diario de León

OPINIÓN Manuel Leguineche

La emboscada

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La palabra jihad, la tan devaluada Guerra Santa, vuelve a cobrar sentido en la voz, más confiada, de Sadam Huseín. Es, sin duda, el auténtico Sadam Huseín, con su misma cara de póker y su sangre fría. Todos somos Sadam Huseín, me dice Hisham, informático de unos cincuenta años y barba encanecida, que trata de arreglar mi ordenador averiado. «No van a alcanzar Bagdad. Ya han mordido el polvo antes de llegar». En las mezquitas de este reino, favorable en general a Irak, se escuchan de boca de los imams radicales palabras de Dios es grande y gracias a Dios. Como esto siga así, con las fuerzas de invasión obligadas a echar el freno, el viernes, día de fiesta de los musulmanes, el golpe de fervor puede recalentar las mezquitas. «Contaban con una rebelión chiita al sur y miren lo que han encontrado, el plomo de Sadam. Ya pueden desembarcar con sus trajes de marcianos. Hay que poner corazón y valor. Los iraquíes saben por lo que combaten, ellos no. Como en Vietnam». En efecto, volvemos la vista atrás, a los prisioneros en manos de Vietcong, encerrados en el Hanoi Hilton. Otra vez las imágenes de Somalia, con los marines arrastrados por las calles. La gran potencia humillada. «No contaban con esto. Puede que al final ganen, pero el costo será alto, muy alto». Es la hora, de nuevo, de las emboscadas, de la guerrilla, de los francotiradores ocultos ya no en las junglas sino en las dunas o los palmerales. A medida que la resistencia crecía al sur de Irak, ha subido el tono de los insultos al enemigo anglonorteamericano, asnos, zapatos viejos, hijos del adulterio y la porquería, embusteros. Y cosas peores. Nos habíamos acostumbrado al tópico. Los soldados rasos no combatirán. A Sadam tan sólo le queda la Guardia Republicana. La suerte de la guerra se librará en torno a la capital. No bastan los juegos de la guerra en el ordenador. Como Sadam Huseín admira mucho a Stalin no tardará en exhibir a sus héroes como hizo el georgiano en la gran guerra patriótica. Los soldados de coalición llaman pijamas negros a los de Sadam, como al Vietcong, que también vestía de negro. El escenario ha cambiado de la selva vietnamita al desierto medioriental.

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