«La ficción es que Sadam nos vaya a matar, la realidad es que estamos allí por el petróleo» Michael Moore (documentalista)
Sadam, el auténtico, sigue vivo
El clamor patriótico es estos días de obligado cumplimiento y en la televisión y las visitas de periodistas a hospitales y lugares bombardeados -las únicas posibles, por otra parte, dada la cada vez más creciente limitación de movimientos-, los ciudadanos no cesan de manifestar su apoyo al régimen y especialmente al rais Sadam Huseín, que ayer se dirigió a la nación por segunda vez desde el comienzo de la guerra. Con su alocución, el presidente iraquí probó que sigue vivo, pese a los insistentes rumores propalados en el extranjero a raíz de su comparencia del jueves, que le daban por muerto o herido. La aparición pública de ayer, empero, no ha disipado las dudas sobre si se trataba de un mensaje grabado o en directo. Pero ya nadie pone en duda de que es Sadam el real, no un doble. En su segundo discurso en esta guerra, Sadam Huseín felicitó a sus tropas «por resistir con heroicidad los combates, y especialmente los que se libran alrededor de Um Qasser», la única salida al mar de Irak y en teoría en manos de la coalición de estadounidenses y británicos desde el segundo día de la guerra. El líder máximo de Irak se dirigió con especial énfasis a los soldados de la 11 División del Ejército, y en concreto al 45ø batallón, que, según sus palabras, seguiría haciendo frente a las fuerzas coaligadas en Um Qasser. El presidente meniconó expresamente a los comandantes, a los que mencionó por sus nombres. En su gran mayoría de trataba de mandos de la 45 Brigada del Ejército, destacada en el puerto de Um Qasr (sur), que resisten desde hace días a la ofensiva. Para el mando aliado en Kuwait, sin embargo, se trata de un capítulo atrasado de esta guerra, dado que la ofensiva real se sitúa ya a unos cuantos cientos de kilómetros al norte del Golfo. Sadam llamó a los iraquíes a la resistencia contra las tropas estadounidenses y a ser «pacientes» cuando los bombardeos aumenten en intensidad, porque, «con la ayuda de Dios», la victoria «sobre el Mal» es «inminente». «Luchad, luchad, luchad contra el Mal porque el Mal será derrotado», afirmó en su discurso. Sadam Huseín dedicó la mayor parte de su alocución a elogiar la «heroica resistencia» de la población, de los soldados, de los fedaiyines y de los miembros del partido Baas en la «madre de todas las batallas», asegurando que el valor de los «gloriosos iraquíes y de los héroes de las fuerzas armadas enfurece a los enemigos», y afirmando en todo momento que la fe en Dios permitirá la victoria. «El orgullo que siento por el pueblo iraquí no tiene límites», añadió. «Luchad, luchad, luchad contra ellos inspirados por el espíritu de la Yihad, hasta que los agresores no puedan seguir con sus crímenes contra vosotros y contra la Humanidad», reiteró el presidente en su discurso, retransmitido por la televisión nacional apenas una hora después de ser anunciado. «Se os recompensará con el paraíso -añadió-, Dios ayudará a sus soldados y ellos serán derrotados y humillados». «La victoria es inminente», aseguró el líder iraquí en varias ocasiones a lo largo de su esperado discurso. En su llamamiento, Sadam Huseín advirtió de que estos son «días decisivos» ya que los bombardeos estadounidense se recrudecerán, porque antes del conflicto los iraquíes había sido «subestimados» y ahora, en su avance, las tropas «invasoras» se están encontrando «con un Irak que está resistiendo». «Haremos sufrir al enemigo todo lo que podamos». «Paciencia, hermanos -insistió al final del discurso-, sed pacientes y Dios os dará la victoria porque vuestra fe es mayor». El presidente iraquí concluyó su discurso, como viene siendo habitual, con una alusión al conflicto palestino. «Larga vida a la Palestina libre, larga vida a Irak y larga vida a los iraquíes». En la televisión se suceden conexiones en directo con milicianos, entrevistas a voluntarios con armas en alto y comentarios de transeúntes manifestándose con entusiasmo sobre la obligación de resistir. Dicha transformación, encaminada a azuzar la resistencia, no es fortuita sino producto del evidente ahogo que, pese a los desmentidos, atenaza desde hace días al régimen de Bagdad.