Diario de León

«La cuestión no es si somos más o menos amigos de Estados Unidos. Somos socios leales, no vasallos» Enrique Barón

Pesadilla de arena

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

La Biblia achaca el comportamiento innoble del rey Salomón al azote de un viento bochornoso procedente del desierto, el hamsín. Seguramente, alguno de los marines judíos que forman parte del convoy lo habrá recordado ahora, cuando el camión traquetea sobre el desierto y sus compañeros invocan lo mismo a Dios que al diablo. Son las tres de la tarde pero reina la oscuridad. La cortina de arena que impide la visibilidad tiene un tono rojizo apocalíptico. Es el hamsín, el peor tipo de tormenta de arena que se conoce en el desierto y que ayer machacó de forma inmisericorde a las tropas estadounidenses, frenando su carrera hacia Bagdad. Se trata de un fenómeno meteorológico típico de la primavera de esta zona que, además, eleva las temperaturas por encima de los 40 grados, abrasando los ojos y el estómago. La marcha de los últimos dos días tenía como objetivo mover a la Primera División de Marines hasta las afueras de Bagdad en unas doce horas. Pero para una buena parte del convoy militar el trayecto se convirtió en una pesadilla de veintiséis horas. Además, el grueso de la división ha quedado lejos de su meta inicial debido a la fuerte resistencia que están ofreciendo las tropas iraquíes. La presencia de grupos armados paramilitares fieles a Sadam o de simples guerrilleros que emboscan en las carreteras a los elementos rezagados del convoy nos ha forzado a cruzar campo a través en una buena parte del trayecto. Los vehículos están obligados a distanciarse al menos 25 metros uno del otro para no ser presa fácil del fuego enemigo, pero la visibilidad no pasaba de tres metros. Sin luces para no ser detectados, en medio de la noche cerrada y bajo los efectos de la peor tormenta de arena que hayan visto los marines desde que llegaron hace meses a Kuwait, conducir se convirtió en una auténtica hazaña. «Estamos luchando contra el terreno y los elementos más que contra el enemigo», se lamenta el coronel Been Sailor, jefe del Estado Mayor de la Primera División de Marines, ignorando, obviamente, que alguien ya habló así de la Armada Invencible. La parte del convoy que quedó separada, la misma en la que viajaba esta corresponsal, perdió a lo largo de la noche al menos 19 de los 68 vehículos de los que se componía. Todos, incluidos camiones de siete toneladas y grandes grúas para remolcar tanques, quedaron inutilizados para continuar la marcha. Algunos tuvieron que ser abandonados. En medio de la nada, los vehículos chocaban unos contra otros, volcaban en las dunas y desaparecían tragados por la oscuridad. Las sofisticadas gafas de navegación nocturna, de 5.000 dólares cada una que proporcionan a los estadounidenses una envidiable ventaja durante la noche, se quedaron ciegas en la tormenta de arena. «Esta es la peor tormenta que he visto nunca», asegura el sargento de artillería Bob Gray, que lleva dieciocho años en los marines, dos de ellos destacado el golfo Pérsico. «Mañana, vamos a tener un montón de problemas respiratorios», vaticina. Lo cierto es que no hay que esperar tanto. Las caras habían desaparecido bajo una capa marrón y la tos es la canción de unas gargantas atrofiadas por la arena. Para mantener la moral propia, hubiera sido mejor no mirarse en el espejo de campaña. El final de esa agónica peregrinación desembocó en el centro de la tormenta. Los soldados pasaron la tarde a ciegas, aguantando los palos de un precario campamento que amenazaba con volar en cualquier momento. La furia de la naturaleza acabó en agua al caer la noche, ahogando las pocas fuerzas que quedaban a la expedición. «He estado en agujeros bastante miserables, desde Somalia a Etiopía o Afganistán, pero este es con mucho el peor de todos».

tracking