El juez aplaza el interrogatorio a los directivos de «Egunkaria» y Otamendi reitera que hubo torturas
El juez de la Audiencia Nacional Guillermo Ruiz Polanco aplazó hasta mañana la declaración que estaba previsto que prestaran el director de Euskaldunon Egunkaria, Martxelo Otamendi, y los directivos de Egunkaria Ignacio María Uría, Xabier Alegría y Xabier Oleaga, para darles tiempo a conocer y estudiar la denuncia presentada contra ellos por el Ministerio del Interior por denuncia falsa, injurias y calumnias, al haber dicho públicamente que fueron torturados por la Guardia Civil durante el tiempo que estuvieron detenidos. Los cuatro se negaron a declarar ante el juez alegando que no conocían el motivo de su citación. Según su abogado defensor, Iñigo Iruin, sólo Otamendi -en libertad bajo fianza de 30.000 euros por el caso Egunkaria, que investiga el juez Juan del Olmo- había recibido una citación para declarar por los delitos de injurias y calumnias. Sin embargo, los otros tres imputados, que se encuentran en prisión desde el pasado 25 de febrero por la misma causa, sólo sabían que ayer serían conducidos a la Audiencia Nacional. El juez entregó a cada uno de los imputados una copia de la denuncia presentada por el Ministerio del Interior y los documentos que adjuntaba para que la conozcan y puedan prestar declaración sobre las acusaciones que hay contra ellos convenientemente informados. Iruin señaló que la Ley de Enjuiciamiento Criminal obliga a poner en conocimiento de los denunciados inmediatamente las imputaciones que se realizan contra ellos. Por su parte, el director del diario clausurado aseguró en prensa que ayer mismos presentó una denuncia por torturas contra la Guardia Civil en los juzgados de la Plaza de Castilla, y criticó la «celeridad escandalosa» con que el juez Juan del Olmo tramitó la querella de Interior, frente al «retraso» en la instrucción del supuesto caso de torturas que relató al magistrado, cuando fue puesto a disposición judicial tras ser detenido. Así, explicó que declaró ante del Olmo durante 45 minutos, y recordó que dedicó entre ocho y nueve a describir el trato que aseguró recibir de los agentes. Además, aseveró que su declaración fue grabada en una cinta y que al término de la misma firmó una «pre acta» en la que suscribió lo relatado e hizo mención especial del soporte sonoro para su posterior transcripción.