OPINIÓN Javier Fernández Arribas
Ganar la paz
Habrá un misterio oculto o la propaganda de uno y otro bando ha funcionado hasta que la realidad se ha encargado de barrer todas las especulaciones, porque nadie sabe dónde está la resistencia en Bagdad. Se hablaba de un segundo anillo de defensa, representado por la Guardia Republicana, con 30.000 soldados bien armados. Detrás de este anillo está el famoso búnker de Sadam, construido por un alemán, que se encontraría defendido por 15.000 guardaespaldas de toda confianza del presidente iraquí llamados himeyas. Un búnker que, según dicen las informaciones facilitadas por el propio constructor, sólo es vulnerable con un arma nuclear. Hay temor a una gran trampa a las tropas angloamericanas que han frenado su avance sobre la capital iraquí. Se habla de una posible utilización de armas químicas ahora que el régimen puede estar ya muy desesperado. Sin embargo, utilizar ahora las armas químicas significaría la muerte de muchos iraquíes y, sobre todo, dar la razón a la administración Bush en su empeño por atajar la amenaza de las armas de destrucción masiva de Sadam Huseín. Otra opción que podría estar produciéndose es el desmoronamiento del régimen después de la caída de la verdadera línea fuerte de defensa iraquí, machacada por la aviación norteamericana en Kerbala. Incluso Sadam podría estar ya desaparecido. Pero la experiencia obliga a pulsar el botón de la prudencia a la hora de pensar que ya está todo resuelto y que la caída de Bagdad es un hecho cierto. Podría serlo, pero hay artillería pesada, carros de combate y zonas minadas entre las casas de los distintos barrios de Bagdad para intentar una defensa numantina con un gran desgaste y con un alto número de bajas por ambos lados. Sobre todo, de civiles iraquíes que sufren la invasión no de sus tropas, sino de la Guardia Republicana de Sadam que lucha por sobrevivir unos pocos días más. La fase final puede convertirse en una gran tragedia porque Washington ya decidió la semana pasada olvidarse del lema de la guerra limpia, porque ninguna guerra es limpia por definición y esencia, y porque el régimen de Sadam tampoco lo va a permitir al situar su defensa entre las casas de los civiles. Antes de entrar con precipitación en la ciudad, los norteamericanos deberán asegurar de verdad sus posiciones, sus aprovisionamientos, para evitar contratiempos añadidos porque, a partir de que finalice la campaña militar, comienza la operación más complicada: ganar la paz.