Diario de León

«En esta guerra hay distinción entre muertos de primera y muertos de segunda» Fernando Valderrama (ex diplomático en Bagdad)

Ya sólo queda el feudo de Sadam

Una familia iraquí llora la muerte de tres familiares a manos de los marines

Una familia iraquí llora la muerte de tres familiares a manos de los marines

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León

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Tras 23 días de guerra, del terrible dispositivo defensivo anunciado por Sadam Husein y temido por los militares aliados, sólo queda Tikrit, si es que queda algo. Tras la caída de Kirkuk y el principio de acuerdo entre Washington y Ankara, la entrada de los «peshmergas» en Mosul, la tercera ciudad del país, era cuestión de horas. Y así fue. Este viernes, poco después de la media noche, el comandante del 5º Cuerpo del Ejército iraquí contactó con las tropas estadounidenses para rendir la unidad completa. El alto el fuego se firmó horas más tarde. Originalmente, el 5º Cuerpo podría haber estado formado por unos 25.000 soldados, aunque se ignora cuántos quedaban. Sin embargo, la contrapartida de esta rápida conquista estuvo, como cada día en cada ciudad «liberada», en el vacío de poder, los saqueos, la rapiña y la inseguridad absoluta en las calles. Turbas de civiles entraron en todos los edificios públicos. Los blancos favoritos fueron las entidades bancarias y los hospitales. El tipo gordo sale andando deprisa, sudando. En la barriga, bajo la camisa, abultan los fajos de billetes que acaba de saquear en uno de los bancos de Mosul. Mira a todos lados para ver si tiene que pelear con alguien más para conservarlos. Mientras, recoge la hoja de su navaja, de un palmo de longitud. La punta está roja de sangre. En el suelo también está teñido de sangre. La reyerta ha sido dura, un montón de gente gritando y lanzándose sobre billetes con la cara de Sadam. Sólo los más duros consiguen un buen botín. Otros salen heridos. Suenan disparos de ametralladora. La gente, niños incluidos, corre y se esconde detrás de los coches. Segundos después, vuelta al saqueo. Mosul, que ha caído hace apenas tres horas, se sume en el caos y la anarquía. Hacia las ocho de la mañana, después de una noche de bombardeos y negociaciones, los soldados iraquíes prácticamente han abandonado la ciudad. Algunos han huido, pero la mayoría se han rendido. «Esto es peor que estar en el frente», dice un colega. Es verdad. Aquí uno no sabe quién dispara, a dónde, ni quién te quiere romper la cara. Hace un rato un árabe exaltado por el pillaje de los kurdos se ha acercado a un grupo de periodistas con una granada en una mano y una cimitarra en la otra. «Iros, americanos», gritaba. A los árabes, el 70% de la población de Mosul, les sienta como un tiro que los kurdos saqueen la ciudad. Los kurdos dicen que no son sólo ellos. Hemos sido testigos de varias peleas a patadas entre unos y otros en medio de las calles. «Estábamos mejor con Sadam», dice Abdelrahman, un árabe, a las puertas de la mezquita.

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