Amigos y familiares despiden al cámara en medio de la rabia y la indignación
Justicia para Couso
Una mujer deposita flores sobre el féretro de José Couso. A la izquierda, su compañero Jon Sistiaga
«¡No somos plañideras, exigimos justicia!». Las palabras de Jaime Permui, portavoz de la familia Couso resonaron ayer en la despedida en Madrid de José Couso, el cámara de Telecinco asesinado el pasado martes en Bagdad por un cañonazo de un tanque estadounidense. Centenares de compañeros, amigos y familiares dieron su adiós íntimo al malogrado informador. Fueron apenas doce horas para mostrar la repulsa a la guerra y la rabia no contenida ante una muerte «premeditada», lejos de lo que debía haberse convertido en un campo de batalla, el hotel Palestina de la capital iraquí. Los restos del informador llegaron poco antes de la 01:00 hora de la madrugada de este domingo a la base militar de la localidad madrileña de Getafe a bordo de un Hércules-130 del Ejército Español, procedente de Kuwait. Junto con el cadáver regresó parte del equipo de profesionales de Telecinco desplazados a Irak: Jon Sistiaga, Ainhoa Uribarri, David Biat e Iñigo Saez de Ugarte. Fueron los hermanos de Couso -Javier y David- junto a cámaras de Telecinco los encargados de bajar del avión el féretro, cubierto por un bandera española. A pie de escalerilla, la viuda del operador, Dolores Jiménez, recibió -entre un fuerte y cerrado aplauso- el cadáver de su marido. La viuda estuvo acompañada en todo momento por más de dos centenares de trabajadores de Telecinco, familiares de Couso -muchos llegados desde su Galicia natal- y amigos. La imagen de Sistiaga en la pista del aeródromo militar, cargando al hombro la cámara destrozada que Couso utilizaba cuando el obús norteamericano le alcanzó en la terraza del hotel Palestine, quedó grabada para siempre en las retinas de los presentes. Un breve responso a pie de pista y el cortejo fúnebre, de nuevo entre aplausos, salió con destino al Tanatorio de la M-30, de la capital madrileña, donde durante toda la noche los familiares y allegados más cercanos velaron los restos mortales del periodista. Desde primeras horas de la mañana de este domingo, centenares de personas acudieron para dar su adiós a Couso y tratar de consolar a Dolores Jiménez. Jon Sistiaga, el inseparable compañero del cámara durante todo el conflicto y en su agonía en el hospital bagdadí de San Rafael, fue una de las primeras personas en asistir a la capilla ardiente. Luego, un reguero interminable de cámaras y periodistas de otros medios de comunicación, responsables de Telecinco como el director de informativos de la cadena privada, Juan Pedro Valentín, y muchos amigos fueron llegando hasta la morgue madrileña. Por expreso deseo de la familia, no hubo representantes políticos ni institucionales en la capilla ardiente, aunque algún responsable de Izquierda Unida como Francisco Frutos, a título personal, acudió a tributar su homenaje a Cousiño, como le llamaban sus colegas de profesión. Los aplausos se mezclaron con los gritos a la salida del féretro con destino al cementerio de la Almudena. «¡No al guerra!», «Aznar asesino!», «¡Partido Popular, partido criminal!». corearon algunos presentes, mientras el coche fúnebre se alejaba con destino al camposanto madrileño, donde el cadáver fue recibido con una lluvia de flores. Sobre las 13.00 horas, en una ceremonia reservada a los más íntimos, el cuerpo fue incinerado. El duelo en el periodismo español aún no ha terminado. El Gobierno intenta acelerar las labores de identificación oficial de Julio Anguita Parrado. Los restos del periodista cordobés se encuentran en Austria, a la espera de los resultados de la autopsia y de los análisis genéticos.