| Crónica política | Manuel Campo Vidal |

Madrid, entre Gila y Al Capone

Luis Tamayo, el diputado socialista traidor a su partido

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León

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A Madrid le convendría tener a Miguel Gila en este psicodrama que está viviendo. Durante la guerra de Irak se le echó de menos aunque Forges le guardara las ausencias; cuando el Prestige, fue Xosé Manuel Beiras el que lo añoraba, pero ahora debería descolgar el teléfono y, en vez de llamar al enemigo, hablar con el Al Capone madrileño, que existir existe, aunque todavía no sepamos su nombre. Esto de la fuga de dos diputados metiendo a media clase política al borde del ataque de nervios, no se hace aisladamente. Ni vale la explicación ideológica si antes no ha habido combate dialéctico. Ni se aguanta la presión psicológica sin una buena compensación. Ni se dispone personalmente de dinero para la logística: un hotel para esconderse, otro para recibir periodistas, coches, restaurantes, comunicaciones, guardias de seguridad,etc. En alguna escuela de negocios poco claros, Tamayo y Balbás, el jefe de la corriente, deberían impartir un curso estelar: «Como arruinar prestigios varios de un solo golpe». El primero el suyo, que no parece importarles porque se lo vienen jugando desde que en las juventudes de UCD traicionaron a la gente de Fernández Ordóñez para apoyar a los democristianos Javier Arenas y Luis de Grandes. Tampoco le importó al tránsfuga aragonés Gomáriz, diputado popular, que fue comprado vergonzosamente para que cayera el gobierno PAR-PP en favor del socialista José Marco, más tarde expulsado del Gobierno y del PSOE. Las constructoras madrileñas han salido a decir públicamente que se daña su imagen con lo que está ocurriendo, mientras en privado algunos directivos especulan con la identidad del supuesto Al Capone. Entretanto, según ha sabido La Voz, el presidente de la cadena de hoteles AC, Antonio Catalán, le tuvo que explicar por teléfono al propio Zapatero que él no está en la trama, aunque quien paga el gasto de los diputados de la crisis tenga el buen gusto de elegir sus instalaciones. La verdad es que Catalán, brillante empresario, tiene gran suerte en los negocios pero poca en estos incidentes porque también se escondió en un hotel suyo un famoso periodista en estado de felicidad deplorable al que se creyó secuestrado por ETA. Antonio Catalán explica que recibió a media mañana un informe de la directora del hotel contándole las aventuras nocturnas del periodista mientras al domicilio de la presunta víctima, situado solo a cincuenta metros del escondite, seguían llegando personalidades y colegas. Uno de ellos, con gafas de sol de esas que sacan las folclóricas en los funerales, declaraba a una nube de micrófonos: «Está claro que todo esto es una consecuencia más de los lodos del felipismo». Fue un día de bochornoso ridículo colectivo que a Luis del Olmo,que se desgañitó solidariamente ante el micrófono, nunca se le olvidará. Ahora, el ridículo está en la política. La creencia popular del «todos son iguales», se relanza. El convencimiento de que» aquí mandan los mismos desde la sombra gane quien gane», crece, porque Tamayo quería la Viceconsejería de Medio Ambiente con gran poder en la autorización de expedientes urbanísticos. Como vió que no lo conseguía, apretó el botón de la crisis según el Plan B diseñado por Al Capone arruinando las expectativas de su partido y defraudando a millones de ciudadanos demócratas, incluidos los votantes del PP. El y ella se llevarán lo suyo porque quien se lo da probablemente conseguirá lo mismo que buscaba aunque haya cambiado el decorado político. Pero el daño a la democracia será inmenso. «Antes de lo que se cree tendremos noticias pero ahora no puedo dar pistas», anunciaba a La Voz ayer tarde José Blanco, el número dos del PSOE al que se le recrimina que estos tipos estuvieran en las listas. Blanco explica que Tamayo y Balbás llevan diez años en la ejecutiva de la Federación Socialista Madrileña y que ellos al llegar se los encontraron allí. «Es verdad que nos votaron para que José Luis saliera secretario general pero estaban entre los cuarenta delegados elegidos por Madrid», comenta. Blanco en aquellas fechas fue el muñidor y habló con todos ganándose a pulso la Secretaría de Organización desde la que ha tenido que limpiar a fondo la casa, incluso a veces barriendo por error a veteranos de valía. Pero por lo visto el PSOE sigue necesitando un repaso y su dirección un tratamiento contra la ingenuidad. En aquellas horas decisivas negoció hasta con la candidatura de Matilde Fernández y le dijo a Rafael Delgado, el hombre de Guerra: «Nos faltan solo siete votos y ganamos. O Zapatero o Bono. Tenéis que elegir». Fali Delgado recuerda a La Voz que le respondió: «Contar bien porque os faltan más de siete. Por lo menos diez, así que os daremos quince para que ganéis». Zapatero ganó por nueve. Mientras en Madrid se identifica a Al Capone, ayer se constituyeron ocho mil ayuntamientos en España con sus ocho mil alcaldes. El de Camas (Sevilla), un artista del trapecio. Negoció como dirigente de IU un pacto con el PSOE para toda Andalucía, pero en su pueblo pactó con el PP y salió alcalde. Desde luego si Gila tuviera un programa de televisión esta noche descolgaría el teléfono para decir: «Que se ponga Al Capone. No importa en cual de sus sedes se encuentre»

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