Alfaem denuncia que las familias están haciendo el papel de psiquiátricos ante la inoperancia de la Sanidad pública
Casi 300 enfermos mentales precisan con urgencia un centro que los acoja
En la provincia hay 5.000 pacientes con patologías crónicas y graves, como la esquizofrenia
«Las situaciones de indefensión transcienden de la esfera de lo sanitario a problemas de marcado carácter social» IGNACIO GARCÍA Director de la Fundación Feclem Cerca de 5.000 enfermos mentales con patologías crónicas y graves, el equivalente a un 1% de la población, sobrevive en la provincia gracias al apoyo de las familias y sin apenas atención desde la Sanidad pública, que se limita a prestar cuidados de urgencia cuando alguno de ellos tiene una crisis, según la Asociación Leonesa de Familiares de Enfermos Mentales (Alfaem), presidida por Ascensión Sedano. Cada familia se ha convertido en un «pequeño psiquiátrico» pero con grandes problemas desde que la Administración ha dejado de prestar asistencia permanente, incluso a los casos más graves, por falta de plazas. Estancias ocasionales en hospitales públicos y privados cada vez que un enfermo recae en una crisis, lo que suele suceder cada pocos meses, intentan suplir la falta de centros de atención diaria, donde al menos 300 de este tipo de enfermos precisarían de controles y terapias continuadas, aunque luego pernoctaran en el domicilio de sus familiares. El déficit sanitario se salda a menudo en la crónica periodística de sucesos con noticias de suicidios, desapariciones o, en el peor de los casos, agresiones a vecinos o a personas del entorno de la propia familia, frente a las que los jueces no tienen más opción que devolver al enfermo «a la calle», aunque se trate de personas médica y legalmente incapacitadas. Desde mediados de los años noventa y coincidiendo con el traspaso de las competencias en materia de salud mental a las comunidades autónomas, antes en manos de Madrid y de las diputaciones, el cuidado de este tipo de enfermos ha derivado, sin más, hacia las familias en régimen ambulatorio sin otras mejoras que las que se derivan de la imagen de la desaparición de los antiguos centros de internado, vulgarmente conocidos como manicomios y cuyo nombre provoca todavía un rechazo visceral entre los familiares de los enfermos, que sin, embargo, reconocen que sus hogares se han convertido ahora en «otro psiquiátrico», con el correspondiente traslado de trabajos, costes y riesgos desde la Sanidad pública hacia las casas particulares. Según Alfaem, al menos 300 de estos enfermos precisarían ser ingresados en «centros de día» para un mínimo control de terapias y recetas, aunque luego pernoctaran en sus domicilos familiares. «Se necesitarian en León por lo menos cinco centros distribuídos por toda la provincia para atender, como mínimo, a 300 pacientes», que ahora están poco menos que condenados a vagar por las calles. Y su retrato robot responde básicamente a los siguientes rasgos: varón (en el 75% de los casos), que padece esquizofrenia (84%), sin empleo (87%), sólo cobra una pensión no contributiva (250 euros al mes por término medio) y padece la enfermedad en la mitad de los casos desde hace más de diez o quince años. Las familias, riesgos aparte, tienen que abandonar el trabajo para dedicarse exclusivamente a su cuidado. Con la atención a los otros 4.000 enfermos graves y crónicos, pero no críticos, censados en la provincia sucede lo mismo, pero el problema se resolvería con centros de reinserción laboral, que, según los familiares, podrían devolver como personas útiles al otro 90% de pacientes que padecen este tipo de patologías, dándoles, de paso, la oportunidad de recuperar un puesto en la sociedad que ahora los toma por locos, sin más.