Diario de León

Veintiocho días después del crimen, el pueblo pudo ofrecer su homenaje a la joven asesinada

Los habitantes de Coín se vuelcan en el último adiós a Sonia Carabantes

Miles de personas arropan a la familia de la joven en el funeral oficiado por el obispo de Málaga

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Concha Montes - marbella
León

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Veintiocho días después de que su cuerpo sin vida apareciese en el paraje de Cerro Gordo, en Monda, Sonia Carabantes, que contaba con 17 años cuando murió, pudo ser enterrada ayer en Coín, su pueblo natal. El pueblo, de unos veinte mil habitantes, vivió una de las jornadas más luctuosas de su historia, que nunca antes se vio sobresaltada por un crimen de las características del de la desafortunada joven. No en vano, estos días en que los escolares del municipio regresan a las aulas, los compañeros de Sonia reciben asistencia psicológica para poder afrontar el trauma de la desaparición y asesinato de su compañera del instituto de enseñanza secundaria Licinio de la Fuente. El centro educativo cerró sus puertas en señal de duelo, al igual que hicieron numerosos comercios y otros establecimientos del municipio, que quisieron así sumarse al dolor de la familia Carabantes, originarios de Coín, que regresaron al pueblo sólo un par de años atrás, después de residir en Suiza como emigrantes. Desde primera hora de la mañana, Coín entero se fue preparando para el sepelio de la muchacha, que se ofició pasadas las seis de la tarde en la parroquia de San Juan, abarrotada de fieles, vecinos, amigos y familiares de la víctima. El cadáver de Sonia Carabantes fue trasladado desde el Instituto de Medicina Legal de Málaga, donde permaneció hasta el momento de su entierro, y después de que expertos forenses y especialistas en criminología de la Guardia Civil examinasen su cadáver en el curso de la investigación abierta para esclarecer el crimen. Los padres de la joven, José María Carabantes y Encarnación Guzmán, recibieron al cortejo conmovidos por la emoción y vestidos de luto riguroso, seguidos de cerca por sus otros dos hijos, que viajaron desde Suiza a Coín para enterrar a su hermana. Durante toda la jornada, compañeros y amigos de la víctima depositaron flores y coronas funerarias ante el féretro de Sonia. Asimismo, mandos policiales y de la Guardia Civil, alcaldes de localidades vecinas a Coín y autoridades como los delegados del Gobierno y de la Junta de Andalucía en Málaga, Carlos Rubio y Luciano Alonso, respectivamente, mostraron sus condolencias en una ceremonia que fue seguida por miles de personas. El Obispo de Málaga, Antonio Dorado Soto, ofició la misa fúnebre dirigiéndose desde el púlpito con palabras de afecto y consuelo, pero recordando el «dolor y la pérdida» sufridas, ya que, dijo, «la muerte ha sembrado la desolación en vosotros y entre nosotros. Injustamente se os ha arrebatado a vuestra hija y hermana, dejándoos en el dolor, el desconcierto y la soledad por la ausencia de aquella a quien tanto amabais y seguiréis amando en vuestro recuerdo».

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