Dos hijos de su tiempo
A PRIMERA vista me pareció que, en cuanto se empezó a filtrar la relación sentimental del Príncipe de Asturias con la periodista Letizia Ortiz, en La Zarzuela se tomó la decisión de adelantarse a los acontecimientos y dar a la publicidad la confirmación oficial del noviazgo y el compromiso de boda antes de que el asunto se pudriese en un mar de chismes, rumores y críticas, como ocurrió en ocasiones anteriores. Alguien debió de pensar que no faltarían motivos, ya que, cuando trascendió la relación entre don Felipe e Isabel Sartorius, surgió una oleada de críticas por el hecho de que los padres de la muchacha estaban divorciados, y ahora se trataba de otra hija de divorciados, y también divorciada ella misma. Había, pues, que parar el golpe poniendo por delante todo el peso emocional, toda la autoridad y todo el tirón sentimental de la Corona de España con una nota oficial optimista, satisfecha y hasta eufórica que anunciase el futuro enlace. Y a ver quién iría a remar contra corriente tan caudalosa una vez ya iniciada. Todo esto son, naturalmente, figuraciones mías. Porque muy bien podría haber sucedido que la sensibilidad común respecto a los matrimonios reales fuera mucho más estricta cuando se produjo el episodio de Isabel Sartorius que ahora, y que en este momento el matrimonio del Príncipe heredero con una profesional divorciada de clase media se acepte como una bendición, que es lo que parece que está sucediendo a juzgar por la reacción mediática ante el anuncio hecho oficial este sábado. Al fin y al cabo, el príncipe y la periodista son dos hijos de su tiempo, y este tiempo pasa por alto la durabilidad de los matrimonios con notoria facilidad, lo que no tiene nada de extraño si tenemos en cuenta que nuestra legislación civil vigente prohíbe el matrimonio indisoluble. Sólo me asalta una preocupación, ciertamente leve, pero preocupación al fin y al cabo: si proseguimos avanzando por esta senda iniciada, ¿cuántas generaciones más harán falta para llegar a las cimas del progresista nivel de Mette-Marit de Noruega?