La desertización demográfica en la provincia queda reflejada en los 5.260 fallecimientos frente a los 3.188 nuevos nacidos
Sólo ocho municipios de León ganaron población pese a la elevada mortalidad
Uno de cada siete bebés nace ya en el seno de una familia que no ha formalizado el matrimonio
El resumen es sencillo: en el 2001 fallecieron 5.260 personas y nacieron 3.188, por lo que el crecimiento vegetativo arroja un saldo negativo de 2.072 habitantes. Todos los ayuntamientos de la provincia, a excepción de ocho, perdieron residentes. Se trata, como es lógico, de municipios como San Andrés del Rabanedo, Sariegos, Valverde de la Virgen y Villaquilambre, que durante los últimos años están absorbiendo la población desviada de la capital. Se suman a ellos Valdefuentes del Páramo, Escobar de Campos, Mansilla de las Mulas y Bembibre. Son los datos del último Censo, difundidos recientemente por el Instituto Nacional de Estadística. Esta misma fuente revela que se da la circunstancia de que 2.917 de las 5.260 defunciones tuvieron lugar en pequeños pueblos y, del total, sólo 1.226 ocurrieron en León capital. Diciembre fue el mes en el que se registraron más muertes, seguido de enero, octubre y noviembre. Junio, en el que menos. El contrapunto de los nacidos Parte de esa pérdida de población se contrarrestó con los 3.188 niños nacidos. Hubo dos madres menores de 15 años, pero el arco de edad más fecundo sigue siendo el de los 30 a los 40 años. El repunte se produjo en los 32 años, edad que también se viene a corresponder con la de los padres. La radiografía demográfica del INE también revela que 516 de esos nuevos nacidos vivirán en una familia no convencional, en la que la pareja no ha formalizado la relación. Y más aún, ya casi son tantos los niños nacidos del primer matrimonio como del segundo. Se ha dado el caso de nuevos nacidos en el séptimo matrimonio, y ya son muy frecuentes entre el tercero y el sexto. Es muy típico el caso de los nacidos durante los dos primeros años de casados de sus padres, y hubo sólo un caso en toda la provincia en el que los progenitores llevan más de 25 años juntos. Pueblos liberales Es igualmente frecuente -el porcentaje es muy amplio- que las parejas residentes en municipios de menos de 10.000 habitantes no estén casadas. En tal sentido, en León se contrajeron 1.757 matrimonios en el periodo estudiado, de los que una gran parte estaban solteros. Sólo 16 uniones surgieron entre viudos y 95 de personas divorciadas. Bebés rollizos Se puede decir también que los bebés leoneses vienen al mundo bien rollizos, dado que el peso medio es de tres a tres kilogramos y medio, y son muchos los que llegan a los cuatro kilos. Sólo dos niños nacieron en su domicilio sin parto asistido, y otros seis vieron la luz fuera del hospital, pero con ayuda sanitaria. De todos ellos, 205 nacieron antes de lo esperado. Tres lo hicieron a las 28 semanas y 21 antes de las 31 semanas de gestación. La media se encontró entre las 37 y las 41 semanas, aunque 40 partos se produjeron pasadas más de 42 semanas. También se produjeron fatalidades y así perecieron doce niños menores de un año por diversas causas. Seis de ellos no habían llegado a las 24 horas de vida, y el resto falleció antes de los cuatro días. Sólo uno logró sobrevivir hasta los dos meses. Con inmigrantes «Una entrada de inmigrantes señala que hay desarrollo económico que también podría llevar a que no salieran emigrantes». El comentario que defiende la integración de población inmigrante para estimular provincias como León es del catedrático de Geografía Humana de la Universiad de Salamanca, Eugenio García Zarza. El experto, asesor de la comisión para la repoblación de Castilla y León recientemente creada, plantea tanto el problema del envejecimiento como el de la inmigración en términos positivos, con más beneficios que inconvenientes, ya que evidencia en ambos casos una mejora y desarrollo social. Reconoce, no obstante, el «inconveniente» que puede suponer la llegada de gente de otras culturas, aunque no le otorga más importancia que la que puede tener la entrada de emigrantes de otras regiones o la recepción que supuso en su día la entrada de andaluces en Cataluña o de castellanos en el País Vasco. La comunidad, en tal sentido, también se beneficia de la inmigración de otros países, algo que no se producía desde hace quinientos años, y así, explica García Zarza, en 1981 la autonomía tenía 5.000 inmigrantes, 35.000 en 1996 y 52.805 a fecha 31 de mayo de 2003. Concretamente, en la provincia de León el número de inmigrantes se ha duplicado en menos de cinco años, y eso a pesar de la abundante llegada de extranjeros que se instalaron en su momento en las cuencas mineras, en su mayoría procedentes de países como Pakistán y algunos europeos extracomunitarios.