Diario de León
Publicado por
PEDRO CALVO HERNANDO
León

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MUY POCOS días han sido necesarios para que se derrumbase la fortaleza del PP, no en cuanto a partido sólido sino en cuanto a partido monolítico bajo la indiscutible e indiscutida autoridad de José María Aznar. En cuanto que Aznar se ha retirado de la política partidista diaria, han resurgido de inmediato los demonios familiares de un partido en el que sus cabezas visibles se alzan sobre el panorama, una vez liberadas de la asfixia de estos años bajo el implacable dictado de quien convirtió a la vieja y problemática AP en el nuevo PP. Y no es casualidad que la crisis se haya tejido en torno a la figura de Alberto Ruiz-Gallardón, el personaje que siempre fue el estandarte del espíritu díscolo, aprovechándose también de sus cualidades políticas y personales, siempre muy sobresalientes respecto de las de sus competidores internos. El alcalde de Madrid no se habría atrevido al órdago de la subida de impuestos si en el vértice del partido hubiera seguido Aznar, la persona con la que hizo el pacto del retorno. Ahora han escenificado ese aparente arreglo con la renuncia pública de Gallardón a la subida del 50 por ciento del IBI para las casas vacías, lo que le ha permitido ese canto a la unidad y a la cohesión interna del partido. Pero, primero, esa subida era de todos modos inviable antes de dos o tres años. Y segundo, ¿qué pasa con las subidas de esos otros seis u ocho impuestos que Gallardón deja por completo vigentes? No hay, pues, tal arreglo, sino una inteligente puesta en escena de Gallardón, tras una larga conversación con Mariano Rajoy, que se adivina bastante tormentosa. Sea como sea, se acabó la virginidad conflictiva del PP, esa cualidad que durante años le sirvió para atacar al PSOE y descalificarlo por sus debates internos o por sus posiciones plurales ante determinados temas. Porque en estos días no fue sólo lo de Gallardón y Rato, sino también lo de Jaime Mayor y Josep Piqué. Un simple prólogo de lo que ha de venir, algo, por lo demás, inevitable y hasta saludable en cualquier partido democrático.

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