Diario de León
Fermín Bocos

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NO PARECE el mismo. Admite, por primera vez, que la Constitución no es intocable; viaja a Marruecos al frente de ocho ministros y hace unos días llegó a reconocer que en Irak se habían cometido errores . Está claro que Aznar no parece Aznar. ¿Le estará pasando algo? ¿Será cierto lo que se empieza a comentar en determinados círculos madrileños acerca de lo altas que están sonando las notas del Vals del adiós en algunos despachos de la sede de Génova? No sé. Sobre las despedidas hay dos teorías: humanizan o ponen de muy mala leche. A juzgar por la agenda de las últimas semanas a nuestro presidente le ha dado por el lado bueno de los adioses. No digo que esté intentando redimir algunos de sus pecados porque en el caso de Irak reconocer que se han cometido errores es lo menos que se puede decir, pero algo es algo porque, menos el presidente norteamericano, George W. Bush, todos los demás sabíamos que en una guerra se sabe cuándo se empieza pero no cuándo y cómo se termina. Admitir que algo está saliendo mal en aquella aventura, no deja de ser una prueba de cordura del presidente del Gobierno. Cordura también expresan las cuatro ideas que desgranó el domingo en la recepción del Congreso acerca de los arbotantes sobre los que descansa la bóveda constitucional. Bóveda que, desde luego, aguantaría cualquier cambio razonado a condición de que se atuviera a lo previsto en los planos originales del edificio. Cuando Aznar admite la posibilidad de introducir cambios en «cuestiones secundarias» está aceptando el principio mismo de reforma de la Carta Magna, lo cual, constituye una novedad importante respecto de su coriáceo discurso tradicional. Bajar al moro, ir a Marruecos al frente de una delegación tan nutrida, también tiene mucho de símbolo y voluntad de enmendar yerros o excesos pretéritos. Y no me refiero a lo de la crisis desatada en Perejil que en tamaña circunstancia, a mi juicio, se hizo lo que procedía pues en la ocupación del Peñón fue tan clara la intención como desafiante el gesto. Pienso en cuestiones como la inmigración, en los cientos de muertos que dejan las pateras,en los incidentes xenófobos ocurridos en El Egido, en las declaraciones arrogantes y extemporáneas, en la deficiente labor diplomática de su polícia exterior. En fin, bien está lo que bien acaba. Pero, ya digo, Aznar no parece Aznar.

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