Diario de León
Fernando Jáuregui

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Me siento importante por una vez en la vida: soy uno de esos indecisos ante la convocatoria electoral del próximo domingo. Y, para colmo, supongo que soy un indeciso medianamente informado: he asistido a mítines de diversas formaciones -el sábado, con Rajoy y Llamazares en Bilbao, y este domingo, con Zapatero en San Sebastián-, conozco personalmente a los líderes, he leído con cierto detenimiento las propuestas electorales... y, la verdad, aún no sé qué voy a votar. Puede, claro, que, aunque lo supiese, no lo dijese, por aquello de que el voto es secreto y porque a nadie quisiera influenciar positiva o negativamente con lo que yo haga o deje de hacer. Pero lo cierto es que aún no lo sé, y todos me parecen tener aspectos positivos y negativos. De Rajoy, lo mejor que se puede decir es que representa un estilo nuevo con respecto al de Aznar. Es un tipo tranquilo, que dice cosas sensatas y las dice con un lenguaje poco guerrero -no como el antecesor- y asequible para todos. Representa a esa España de clase media, acomodada desde hace un par de generaciones, pero sin lujos ni excesivos privilegios, representa a esa generación de jóvenes que estudiaron sin meterse en demasiados líos, sacaron adelante una carrera y optaron tenuemente por una línea política no demasiado extremada. De Rajoy, lo peor que se puede decir es que no ha heredado lo mejor de su antecesor. Que le falta tirón, que tiene talento pero no genio, que no se sabe quiénes serán sus colaboradores más íntimos cuando se sitúe en La Moncloa, porque algunos de los que le rodean ya están quemados. No da la imagen de hombre de Estado, pero también es verdad que ni Adolfo Suárez, ni Felipe González, ni Aznar la daban cuando estaban en la oposición, aspirando a ocupar la presidencia. Aunque le falta ese valor escalofriante que tanto Suárez como González o Aznar derrocharon ante momentos cruciales. De Zapatero no voy a hablar, porque, si usted se fija, le son aplicables exactamente las mismas cosas que he dicho de Rajoy. O sea, dé usted por dichas al secretario general de los socialistas las mismas cosas atribuídas al secretario general de los populares. Entonces, ¿con cuál quedarse?. No me hable usted de cuestiones ideológicas: quien ha visto, desde la barrera, tanto acontecimiento político difícilmente puede creer, en esta España, en esta Europa, en grandes diferenciaciones ideológicas. Esta no es la América de Kerry o Bush. Aquí nadie cree en la guerra contra Irak -no, Rajoy seguro que tampoco-, ni en la pena de muerte, ni en enmendar la Constitución para impedir los matrimonios homosexuales. Además, no espere usted que un indeciso se mueva por clichés ideológicos. El indeciso no tiene demasiados prejuicios sobre izquierdas o derechas, y ni siquiera se considera de centro. Es coyuntural, pertenece a la propuesta última que más le guste, aunque nunca le convenza del todo. A mí, particularmente, me hubiese gustado que en la campaña del 14-m se hubiesen tratado temas verdaderamente revolucionarios, porque tenemos planteadas cosas muy serias: cómo será esa Europa ampliada y quién ha de ser su motor, qué ocurrirá con esa inmigración que, en diez años, habrá acaparado el 30 por ciento de la población española, cómo tratar el diálogo con los nacionalistas, qué voz poner cuando llamen de la Casa Blanca. Nada o muy poco de todo eso se ha tratado en profundidad; ni siquiera Llamazares y su Izquierda Unida, llamada a ser la mirada crítica de la sociedad, ha hecho propuestas que me hayan llamado la atención. Así que luego no se extrañen de que haya muchos indecisos, gentes que de ninguna manera quieren -queremos- dejar la papeleta en blanco o quedarse -quedarnos- en casa el domingo. ¿Nos convencerán en estos cinco días que quedan?. A ver, escuchamos lo que nos tengan que decir. Lástima, porque quizá en un debate cara a cara entre los candidatos principales hubiésemos podido sacar algunas cosas en claro. Fernando Jáuregui RAJOY Es un tipo sensato que dice cosas sensatas y representa un estilo nuevo respecto a Aznar. Simboliza a esa clase media española acomodada, pero sin lujos. Tiene talento, pero no genio, le falta tirón. ZAPATERO No voy a hablar de él, porque le son aplicables exactamente las mismas cosas que he dicho de Mariano Rajoy.

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