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La amenaza kamikaze
Es significativo que la mayor movilización antiterrorista de la historia, en la que interviene el Ejército, se haya puesto en marcha tras la inmolación en Leganés, 25 días después del 11-M

La policía científica y los bomberos concluyeron ayer las labores de desescombro
Si el 11-M los terroristas islamistas demostraron que son capaces de cometer asesinatos en masa de civiles españoles, el pasado sábado dejaron tetricamente claro que están dispuestos a morir matando. Era la primera vez que estos fanáticos se inmolaban en suelo europeo, si exceptuamos los atentados suicidas cometidos por los chechenos. Es muy significativo que la mayor movilización antiterro-rista de la historia, en la que está interviniendo incluso el Ejército, se haya producido después de la inmolación de Leganés, 25 días después de la matanza de los trenes. El hecho de que se haya enco-mendado por primera vez a los policías la vigilancia del metro madrileño -donde no funcionan los móviles- está ligado directamente con la espantosa amenaza de los kamikazes. Una amenaza conocida Pero la posibilidad de que se cometieran estas acciones en España no era remota ni mucho menos, y no sólo por las amenazas de Bin Laden. Sobre todo después del más que inquietante precedente de los ataques suicidas coordinados contra cinco objetivos en Casablanca, que tuvieron lugar el 16 de mayo del 2003, poco después de finalizar la guerra contra Irak. Trece terroristas se inmolaron causando la muerte a 45 personas, entre ellas cuatro españolas. La acción más letal se produjo contra la Casa de España, donde saltaron por los aires tres hombres-bombas matando a veinte hombres. Era una clara muestra de las intenciones de los grupos terroristas islamistas marroquíes respecto a nuestro país tras su apoyo a EE.UU. en la contienda. El paraíso prometido ¿Ante qué amenaza nos enfrentamos? Descomunal, ya que prevenir o defenderse ante quien no tiene reparo en quitarse la vida es casi imposible. Por ello es imprescindible entender por qué actúan de una forma tan inhumana. El reputado experto en el Islam Bernard Lewis explica que esta religión considera un pecado capial el suicidio, condenado con el infierno. Pero si un musulmán se arroja a una muerte segura en el curso de una guerra santa defensiva el premio es el paraíso. Hay que recordar que la retórica de Bin Laden incide una y otra vez en que para los musulmanes es una obligación defenderse de una conspiración liderada por Occidente que pretende la eliminación del Islam. Otro especialista, Farhad Josrojavar, nos da otra pista en Los nuevos mártires de Alá: «En el islamismo radical, la relación con los demás, especialmente con el occidental, está dominada por un odio que destruye al otro y lo demoniza». Lograr el paraíso combatiendo a demonios: esa es la perversa justificación. ¿Quiénes están dispuestos a ser terroristas suicidas? Es claro que como señala el psiquiatra Francisco Fernández-Álonso, autor de Fanáticos terroristas, son «fanáticos». No son locos Pero contra el tópico que los presenta como locos o inadapatados sociales, los estudios realizados muestran que suelen ser jóvenes con estudios, sin trastornos psicológicos graves y que no actúan por desesperación económica. Según Avishai Margalit, su principal motivación es «vengarse de forma espectacular» de las humillaciones de Estados Unidos, Israel y sus aliados y obtener así el reconocimiento de su comunidad y su felicidad eterna. Otro tema es por qué hay tantos jóvenes musulmanes dispuestos a ser bombas humanas.