| Reportaje | El motor del campo |
Cuando el agua es un sueño a 80 metros
Las tierras que esperaban el riego del Duerna y el Eria, muy despobladas y divididas entre productivos huertos y extensos trigales, subsisten con innumerables pozos artesianos
En Villalís, a unos pocos kilómetros de La Cabrera, no queda ni una sola tierra baldía. Aunque es uno de los pueblos más pequeños de la Valduerna, en sus campos no entra ahora ni un fruto más. Eso sí, el agua con el que riegan a turnos sale a precio de oro, quizá porque su pureza permite darse un trago en el chorro que sale del pozo. El pueblo ha tenido que pagarse la infraestructura para sacar el preciado elemento a 80 metros de profundidad, a través de siete u ocho pozos artesianos que ya los quisiera para sí la ciudad de La Bañeza, donde en principio estaba previsto destinar parte del agua embalsada en los pantanos del Eria y del Duerna. «El peor agua de León se bebe en La Bañeza», sentencia uno de los concejales de Villamontán, municipio que apoyó por unanimidad la construcción de los embalses. Como en Villalís, los pocos agricultores que quedan en las comarcas de Valdería y Valduerna nutren sus tierras con las aguas que discurren por el subsuelo. Antes, cuando los pantanos fueron proyectados (1920-30), los pueblos tenían el doble de habitantes que hoy, y gran parte de ellos eran jóvenes. Actualmente, apenas queda gente para trabajar el campo y la que lo hace es casi siempre para abastecerse. «Lo que yo le digo a mis hijos: aquí tenéis el supermercado», comenta una mujer en Tabuyuelo de Jamuz, azada en mano. «A la vuelta de cuatro años, quedan cinco trabajando las tierras», vaticina Francisco Brasa Quico (68 años) . Ocho pozos para 14 parcelas En ese pueblo, enclavado a medio camino entre los ríos Eria y Duerna, no sobra el agua, pero alcanza para regar las 14 parcelas que sus pocos vecinos han convertido en huertos muy productivos. Tienen mejor sistema que las localidades situadas en la ribera del Duerna. A través de ocho captaciones naturales consiguen bajar el agua hasta el pueblo sin necesidad de motobombas, lo que les ahorra electricidad, gasóleo y gastos de mantenimiento. Ruido en el patatal «Los de Tabuyuelo lo tienen mejor montado que aquí, porque una tormenta a nosotros nos quema la instalación y nos deja sin regar», explica Gabriel Fernández Falagán (32 años). Apenas se le escucha por el ruido del motor que lleva el agua hasta su patatal. Gabriel es partidario de los patanos, como casi todos por allí. «Las presas nunca están de más», afirma uno de los más viejos de Villamontán. Los contrapuntos en este municipio son manifiestos: vastos trigales similares a los de Tierra de Campos contrastan con huertas que bien podían ser las de Fresno de la Vega, dependiendo de en qué parte del pueblo se encuentren. Alarmante despoblación La cantidad de personas que trabajan en la Valdería y la Valduerna ha descendido a niveles alarmantes, «dada la falta de rentabilidad de las explotaciones, la competencia de Europa Central en productos que se vultivan y a la falta de alternativas de desarrollo rural de la Junta de Castilla y León», explica Manuel Martínez de la Iglesia en el informe que envió a Confederación Hidrográfica del Duero en nombre de Ecologistas en Acción. El Ayuntamiento de Tabuyo, gestionado por un equipo de gobierno socialista, es de los pocos que se han opuesto a la construcción de los embalses, alegando el gran impacto ambiental de las infraestructuras proyectadas. Casi todos los demás municipios han apoyado a través de mociones, antes o después, su apoyo a las presas y, sólo en algunos casos, ya hablando de posibles compensaciones.