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León

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Pero el «desconcierto» sobre la trama asturiana es sólo una parte. A falta de tres interrogatorios, los diputados no tienen ni documentos ni declaraciones que explique por qué la Policía Nacional no se volcó en los seguimientos de tres de los terroristas claves del 11-M de los que se sabía de su peligrosidad: Jamal Zougam, Serhane Ben Fakhet, El Tunecino, y Allekema Lamari. Los agentes no investigaron las denuncias de Francia en 2001 sobre los contactos de Zougam con conocidos terroristas internacionales. La Brigada Provincial de Información de Madrid sólo realizó vigilancias «esporádicas» de Serhane Ben Fakhet, El Tunecino. Los mandos que han declarado ante la comisión se han limitado a asegurar que las investigaciones llegaron a un callejón sin salida y que nunca se pudo probar sus actividades terroristas. El CNI y la Policía, por su parte, no fueron mucho más allá en los seguimientos en Lavapiés al líder del comando, Allekema Lamari, pese a saber que ya había sido condenado en por pertenecer a una célula durmiente, que era un destacado dirigente del GIA argelino y que en la cárcel se jactaba de preparar un gran atentado. Los documentos clasificados del CNI sobre Lamari que los diputados han podido estudiar en sesión secreta son muy escuetos y no explican las razones.

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