La Udyco tenía pinchado el teléfono de uno de los suicidas de Leganés
La policía grabó a los terroristas sin saber que hablaban del 11-M
La descoordinación con la Guardia Civil impidió que se detuviera a los autores

Las comparecencias ante la comisión de investigación del 11-M volvieron a dejar ayer al descubierto la descoordinación entre los distintos cuerpos que componen las fuerzas de seguridad. Juan Manuel Calleja, ex máximo responsable en Madrid de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (Udyco) y hoy jefe de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid, reconoció que la policía grabó días antes de los atentados conversaciones entre varios de los implicados pero no supo interpretar que preparaban una masacre terrorista. En todo momento creyeron que hablaban de un plan para distribuir droga. Tanto la Udyco como la Guardia Civil seguían a Rafá Zouhier, uno de los implicados ahora en prisión, pero lo hacían por motivos muy distintos y sin compartir información entre ellos. De hecho, Zouhier trabajaba como confidente de la Guardia Civil sin que la policía lo supiera. Fue precisamente durante las escuchas posteriores al 11-M realizadas el 17 de marzo al confidente cuando la Udyco se percató de que éste tenía información sobre los atentados. Y resultó que el interlocutor de Zouhier era Víctor, su controlador en la Guardia Civil. El confidente aseguraba por teléfono que Jamal Ahmidan, El Chino , uno de los suicidas de Leganés, tenía detonadores, mandos a distancia, trescientos metros de cable y goma 2, por lo que estaba seguro de su vinculación con la matanza de Madrid. Los agentes de la policía, ignorantes de que Víctor era un guardia civil, denunciaron lo escuchado y Zouhier fue detenido tres días después. La Udyco intervino también poco antes de los atentados hasta tres conversaciones entre Ahmidan y Otman El Gnaoui, otro implicado, sin percatarse tampoco de que hablaban de planes para ejecutar el atentado. Ambos hablaron por teléfono móvil los días 17, 28 y 29 de febrero, sólo unos días antes del 11-M. La Udyco los vinculaba al narcotráfico y por ello no sospechó nada aunque hablaron de la casa de Morata de Tajuña en la que se preparó el 11-M, de Leganés, donde más tarde se suicidaron y de una furgoneta, en la que se transportó el explosivo. Cerca de Burgos Los dos implicados hablaron en las conversaciones sobre Asri Rifaat, otro de los suicidas de Leganés. El 28 y 29 de febrero Ahmidan habló con El Gnaoui y le explicó que estaba «a 200 kilómetros de Burgos», mientras su interlocutor le pidió que no entrara en esa ciudad. Nada de esto tenía un significado especial para la policía, pero Ahmidan estaba trasladando ese día desde Avilés a Madrid los explosivos con los que se cometió el atentado. Mientras la policía le escuchaba por teléfono, la Guardia Civil multó ese mismo día tres veces a Ahmidan durante el trayecto. En su descargo, Calleja aseguró que los implicados no hablaron en ningún momento de dinamita. «Si hubiésemos interpretado que había algo de tráfico de armas o explosivos habríamos actuado con inmediatez», aseguró. Todas las escuchas realizadas por la Udyco fueron autorizadas por un juez de Alcalá en el transcurso de una operación de narcotráfico. Además de Calleja, declaró ante la comisión el coronel José Luis Bayona, jefe del Servicio de Intervención de Armas y Explosivos de la Guardia Civil, que aseguró que su unidad no tuvo ninguna relación con la trama de venta de explosivos de Asturias. Explicó que conseguir dinamita en el mercado negro no es algo que esté al alcance de cualquiera. Pese a ello, consideró que nunca se puede estar seguro de que los explosivos no acaben en manos de una banda terrorista.