Diario de León

Las pequeñas iglesias de pueblo, un tesoro aparte que mantienen los propios vecinos

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A. Núñez - león
León

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Las pequeñas iglesias rurales constituyen un capítulo aparte en el patrimonio histórico de la provincia. Al margen de su mayor o menor valor en continente y contenido, fachadas, retablos, artesonados, imaginería, etcétera, el obispado de León tiene sobre la mesa casi 200 expedientes sin resolver de templos que amenazan ruina y esperan urgentemente fondos para ser restaurados. En la mayor parte sólo se realizan pequeñas obras a cargo de los propios feligreses, casi todas de mantenimiento, mientras que las de reconstrucción o restauración propiamente dichas deben esperar a subvenciones de la Junta o de la Diputación. Según el secretario episcopal de Arte Sacro, Máximo Rascón, la proporción de dinero aportado para el mantenimiento de los centros es del 80% de dinero de donantes privados frente al 20% de instituciones públicas, poque «lo último que quiere ver la gente en ruinas es la iglesia de su pueblo». La edad media de los inmuebles propiedad de la Iglesia, sin contar los más emblemáticos, como la Catedral o San Isidoro, o los monasterios que ya no tienen uso, es de tres siglos, lo que da una idea de las necesidades que implicaría una restauración masiva. Del mismo modo, tan sólo una parte mínima de las piezas que atesoran las parroquias rurales dispersas por toda la geografía provincial tienen presupuestos para su restauración. Apenas una decena de los objetos más valiosos tienen algún tipo de financiación pública para ser tratados por restauradores profesionales, mientras que el resto, decenas de millares de piezas, deben mantenerse en lista de espera o, en el mejor de los casos, soportar pequeños arreglos que eviten mayores deterioros. El obispado de León calcula que en su demarcación hay no menos de 1.300 iglesias rurales, ermitas y pequeños monasterios que atender, cada uno de los cuales requiere obras urgentes, como mínimo, una vez cada treinta años, de forma que resulta casi imposible fijar prioridades cuando se plantean problemas de mayor o menor urgencia. El obispado puso en marcha hace años sus propios talleres para restauración de piezas muebles con una plantilla de ocho artesanos, que trabajan cada año en medio centenar de piezas. Es una iniciativa pionera que luego trataron de seguir otras diócesis. Según Rascón, si muchas de las iglesias de pueblo se conservan todavía se debe exclusivamente el interés y aportaciones particulares de los propios vecinos. «Incluso cuando alguna se ha derrumbado y al lado se edificó otra nueva. andando el tiempo se termina reconstruyendo la primera para usos de culto o para lo que sea».

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