Zapatero y Bono observan las maniobras militares a bordo del «Príncipe de Asturias»

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Enrique Clemente - redacción
León

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Hace muy poco tiempo era anatema insinuar siquiera la implicación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, los tiempos han cambiado radicalmente; ETA está a punto de ser derrotada, aunque nunca hay que descartar sus últimos coletazos asesinos, y la amenaza se ha hecho global. La nueva Directiva de Defensa Nacional considera el terrorismo como el principal riesgo contra nuestra seguridad y faculta a los militares para combatirlo. Es evidente que con los etarras en fase terminal el gran peligro es el llamado «terrorismo internacional», eufemismo con el que se designa al «terrorismo islamista» para tratar de evitar la criminalización de una religión determinada. El mundo posterior al 11-S y al 11-M no es el mismo que el que existía antes. Estos macroatentados han demostrado que los nuevos terroristas del siglo XXI no conocen límites en su capacidad destructiva y no respetan a los civiles, incluidos mujeres y niños, a los que consideran objetivos legítimos. Algunos países occidentales han padecido el azote terrorista durante muchos años (ETA, el IRA, las Brigadas Rojas, la banda Baader Meinhof) en los últimos tiempos. España, el Reino Unido, Italia o Alemania han pagado un alto precio en vidas humanas, incluidas también las de numerosos civiles. Pero el desafío que han planteado Al Qaida y sus grupos afines no es local, sino a escala planetaria, y basado en un fanatismo religioso que justifica las mayores matanzas. Es más, buscan eliminar el mayor número de vidas posible para que sus acciones tengan más repercusión. Y han puesto el listón muy alto. Los planes islamistas Los planes del comando islamista recientemente desmantelado por Garzón refutan totalmente la teoría según la cual el 11-M fue solamente una respuesta concreta a la implicación española en la guerra. El escenario es mucho peor. España sigue siendo objetivo de los terroristas islamistas porque pertenece al mundo occidental. En ese marco hay que situar la directiva. A ese nuevo terrorismo se le combate tanto en Afganistán (Zapatero ha decidido que no en Irak) como en el interior, aseguran fuentes gubernamentales. Y a ese respecto la norma que fija los objetivos de la defensa española en los próximos cuatro años no hace distinciones. Pero el Gobierno hace un salvedad trascendental: las intervenciones en el extran-jero deberán hacerse respetando escrupulosamente la legalidad internacional, a las Naciones Unidas y con el apoyo del Parlamento. Es decir, justamente lo contrario de lo que hizo el trío de las Azores formado por Bush, Blair y Aznar.

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