Palancas, tarjetas perforadas o pantallas táctiles, todo vale
Antes de criticar a los estadounidenses por sus bajos índices de participación electoral convendría reconocer que, en la democracia más antigua del mundo, votar no es tan fácil como parece. En estos tiempos de informática e Internet, quedan todavía lugares donde, para emitir el sufragio sin confundirse, casi es preciso hacer un cursillo. La razón no hay que buscarla tanto en el apego a las tradiciones como en las numerosas materias sobre las que los ciudadanos son consultados. Aprovechando la rigidez cuatrianual de las elecciones a presidente, las administraciones locales eligen desde diputados y senadores a jueces, fiscales o jefes de policía. Sin olvidar consultas directas sobre los más diversos asuntos, como la que ayer aparecía en las papeletas de Georgia: «¿Debe ser enmendada la Constitución en el sentido de que este estado reconozca como matrimonio solamente la unión entre un hombre y una mujer?» En estas circunstancias, el recuento manual podría convertirse en un infierno, y es ahí donde reside la explicación de que en Estados Unidos haya distintos procedimientos de votación y hasta máquinas de votar. El sistema más elemental es la papeleta o boleta de papel. El nombre se deriva del italiano bolleta , bolita, porque una bolita blanca para aprobar y una negra para rechazar fue uno de los primeros métodos de votación que se utilizaron. Es equivalente al que se usa en España para elegir senadores. El ciudadano dispone de una hoja de papel donde están impresas las distintas opciones con la correspondiente casilla. Se marca la casilla a bolígrafo y se deposita la papeleta en una urna. En EE.?UU. se utiliza en pequeñas comunidades o en votaciones por correo, porque hay que escrutarlo a mano. Máquinas para todos El resto de los sistemas son variaciones sobre el mismo tema. Una máquina marca la selección por medios mecánicos o electrónicos, que el lector correspondiente se encarga de registrar. La más antigua es la máquina de palancas. Introducida en Lockport (Nueva York) en 1892, más de la mitad de la población votaba así hacia 1960. Las palanquitas o resortes están instaladas en un tablero, frente a cada pregunta o candidato. El votante baja tantas palancas como opciones elija, y cuando ha terminado su selección acciona la palanca general: la máquina se encarga de registrar el voto y devolver los resortes a su posición original. En 1996 utilizaron este sistema el 20,7% de los electores, pero está en desuso porque los aparatos ya no se reparan ni se fabrican. Hacia 1880 se inventó un dispositivo de tabular estadísticas automáticamente: la tarjeta perforada. En 1964, dos condados de Georgia, otros dos de California y uno de Oregon la utilizaron, en combinación con un ordenador, para las presidenciales. Es una cartulina que se taladra manual o mecánicamente Ahora tiene más éxito la Votación Electrónica Directa que, valga la frivolidad, funciona como un cajero automático: se marca la opción y se registra en un disco.