| Crónica | Adiós a un alcalde |
¡Pacoooo!, ¡Pacoooo!, ¡Pacoooo!
Una multitud despidió a Francisco Fernández en la plaza de San Marcelo con ovaciones que durante hora y media sostuvieron los ánimos de los perdedores en el salón de plenos

Unos llevaron la pancarta, pero hubo quien ofrecía un bote de gomina
No hubo huevos ni piquetes y los pocos tomates que llegaron ayer a la plaza de San Marcelo quedaron en el cesto. Hubo cientos de personas -2.000 según la policía-, desbandada de palomas ante el chorro de libertad de expresión que regaba el foro y un coro encendido de hora y media de ¡Pacoooo!, ¡Pacoooo!, ¡Pacoooo! . Eran las 11.45 de la mañana y Francisco Fernández salía de las oficinas municipales de Ordoño II, a pie con todo su equipo, los tres ediles de la UPL también, cuando sus seguidores de la plaza coreaban «Paco, amigo, León está contigo». Con más ¡Pacoooo!, ¡Pacoooo!, ¡Pacoooo! y aplausos recibió al séquito en la plaza minutos después. El gentío no madrugó tanto como para abuchear la entrada de los 14 concejales que votaron sí en la moción de censura. Pero a partir de las once y media de la mañana pusieron a trabajar de peón -sólo de palabra- a más de uno del gobierno en ciernes. Luego sacaron al balcón, por dos veces, a Paco. Faltaban sólo tres minutos para el mediodía y el alcalde, aún lo era, regaló a sus fieles los últimos saludos, con el peso de una sonrisa amarga, desde la sede que representa al gobierno de la ciudad. Fue su despedida como alcalde. Bajo un cielo encapotado, panza de burra, socialistas «a tope», amas de casa, jubilados, estudiantes, jóvenes seguidores de las Juventudes Socialistas y de Conceyu Xoven, ciudadanos y ciudadanas de a pie, curiosos y visitantes y algún militante del PP, incluso un alcalde berciano y un ex gobernador civil socialista de Benavente que pasaba por allí se congregaron al otro lado de los guardias, separados del edificio consistorial por las vallas de seguridad. Los balcones con mejor visibilidad fueron tomados desde temprano por las unidades móviles de emisoras de radio y televisión y las más potentes se elevaron sobre la capital del escándalo con imponentes grúas. -«Con lo bien que salía San Marcos en la tele con el presidente del Gobierno, que nos saquen ahora por ésto», lamentaba una vecina. -«No han podido soportar tener un presidente de Gobierno de León y que saliera este alcalde en la vuelta ciclista. Lo llevaron muy mal...», terciaba su acompañante. En la calle nadie tenía voto; pero todas y todos tenían opinión. Algunos pancartas: «Paco Mola», «¿Por cuánto?», «El dinero hace amigos...»; unos cuantos se quitaban y se ponían careta: de Amilivia y de De Francisco, en blanco y negro. Y cantaban: «Había una vez... un circo... tralaralará, tralaralará». Los jóvenes socialistas portaban un ataúd de cartulina negra que pasearon a hombros desde el campus y lograron situar en primera línea del «griterío» para leer su manifiesto sobre el «entierro del progreso», ovacionados por la multitud. Los cachorros leonesistas repartían pegatinas a todo color con mensajes muy directos. Una silueta blanca, aferrada a una bolsa verde, la del tesoro, extiende los brazos como dispuesta a ponerse cualquier chaqueta, la de color bermellón de la UPL, la roja del PSOE y la azul del PP. -«Abel no ha venido porque tiene gripe», apostilló uno de los jóvenes sin ser preguntado. Las excusas se apagaron bajo el estruendo de un nuevo grito: «¡Que se besen, que se besen!». El pleno había empezado. El coro sincronizaba al dedillo sus letras con el curso de los acontecimientos, hasta que un aparato de radio se elevó sobre la multidud para sacar del consistorio la voz del alcalde saliente, en pleno debate de la moción de censura, y descubrió el misterio y la utilidad de los pequeños aparatos de radio. -«Si nos hubiéramos hecho de derechas y del Madrid no estaríamos aquí», bromeaba un ex concejal socialista. -«Yo estoy aquí como ciudadana, como votante con libertad de expresión», apostillaba Mónica, una joven que prepara oposiciones sin muchas esperanzas. «Quería entrar en la escuela de pilotos, pero...». Risas. A partir de aquí empezó un debate sin principio ni fin; que si se presenta a las plazas de auxiliar administrativo del Ayuntamiento de León y ya están todas dadas y cosas así. -«Esto está muy mal repartido», lamenta otra ciudadana. La afición pedía razones y gritaba «¡fuera, fuera, fuera!» y «¡cobarde, cobarde!» mientras arriba pasaban lista, por orden alfabético, para votar la moción de censura. Sus voces de «¡queremos a Paco, queremos a Paco!» no iban a acallar los catorce «sí» que lo desalojaban del poder. -«Si el PP y la UPL se fusionan al principio, después de las elecciones, nadie diría nada; pero que hagan esto ahora sólo perjudica a León», aclaraba otra mujer. Al mismo tiempo que Ibán García del Blanco calificaba de indigna la moción de censura, otra joven sentenció: -«Nos han cortado 18 meses de avance social; nos oponemos a eso. No nos han dejado saber lo que podía haber sido», miraba al aparato de radio, como si alguien, desde dentro, pudiera salir a dar una explicación. «Que hable el Pelos», repitieron varias veces, sin saber que ayer el concejal tránsfuga no tenía voz, sino el voto imprescindible en el Ayuntamiento de León, el número 14. Y si el portavoz socialista decía que «hoy empieza la cuenta atrás del cambio», el coro seguía a lo suyo y cantaba: «Con el transfuguismo, volvemos a lo mismo». -«Uniéndose a esta gentuza, unos y otros, es lógico lo que tenemos. Soy leonesa y no me gusta que jueguen con mi voto», replicó indignada con los tránsfugas Esperanza, otra ciudadana. El pleno llegaba a su recta final y la gente insistía: «En León no está lloviendo, León está llorando». Mientras daban un paso adelante prometían: «¡Volveremos!». A las 13.04 minutos, las palomas, quietas en el alero salieron en desbandada asustadas nuevamente por el coro ¡Pacooo, Pacooo, Pacooo!. Y el ya ex alcalde salió al balcón, por otras dos veces. Detrás de él se asomaban sus concejales y Javier Chamorro, que no sabía muy bien qué hacer hasta que García del Blanco lanzó una señal a los jóvenes del griterío para que le dedicaran siquiera una voz. Pocos se dieron por aludidos. Al nuevo alcalde, Amilivia, le pedían que dimitiera y como si fuera a servir de algo pedían explicaciones: «¿Dónde están las razones? ¿Las razones dónde están?»... La salida de Paco, los aplausos, las manos extendidas, los abrazos y las lágrimas que se le escaparon a un hombre sin complejos fueron la despedida. Aunque todavía se oyó una voz: «Hay que luchar, queda poco tiempo y la vida da muchas vueltas», subrayaba la concejala leonesista Gema Cabezas, la última en dejar la plaza. Mientras un hombre mayor dio por terminada la sesión, «esto se acabó», fueron menguando las voces que pedían «que salga Judas». Faltaba una hora para el acto final.