El «president» admite que quizás no midió bien sus palabras en la polémica del 3%
Maragall hace autocrítica pero CiU ve inevitable el adelanto de las elecciones
Los nacionalistas llaman «buitres» a los republicanos por intentar sacar partido de la crisis

El presdiente de Argentina, Néstor Kirchner, se reunió ayer en Montevideo con Pasqual Maragall
La tormenta política en Cataluña, desatada a raíz de la insinuación del presidente de la Generalitat de que Convergència i Unió (CiU) cobraba un 3% de comisión en la adjudicación de obras públicas, no amaina. Los nacionalistas consideran «inevitable» el adelanto de las elecciones autonómicas, como ha exigido el PP, a pesar de los intentos que hizo Pasqual Maragall por que las aguas volvieran a su cauce al reconocer que en aquel momento no midió bien sus palabras. El portavoz de CiU en el Parlamento de Cataluña, Felip Puig, dijo ayer que «es imposible que la legislatura se pueda agotar en las actuales condiciones». Según dijo, «muchos dirigentes» del tripartito catalán (PSC, ERC e ICV-EU-IA) también ven «imposible» el mantenimiento de la actual legislatura. Puig fue muy crítico con el «Govern» y advirtió de que «no podemos hacer como si lloviese cuando se nos ha escupido a la cara». Cargó también contra los republicanos de ERC, a quienes consideró unos «buitres» que en la actual crisis catalana, surgida en el debate sobre los socavones del Carmel, «intentan ver qué pueden sacar». Desde Montevideo, en una entrevista concedida al canal 10 de la televisión uruguaya, Maragall hizo una leve autocrítica al reconocer que «probablemente en alguna ocasión he podido decir alguna palabra que no tenía que decir». No obstante, repartió culpas e hizo este comentario extensivo a CiU porque «todo el mundo», y no sólo él, «puede no haber medido sus palabras». En su defensa salió este miércoles desde Bilbao el ministro de Industria y primer secretario del PSC, José Montilla, que subrayó que él no contribuirá a que «el suflé catalán suba» más y confió en que ya se esté imponiendo «la cordura», salvo -según dijo- en el PP, al que acusó de tratar de interferir en la política catalana. Antes de que Maragall reconociera que se pudo equivocar, Artur Mas le acusó de haber provocado «un incendio por todas partes» y «quemaduras de tercer grado». Después de escucharle exigió que «pida perdón en toda regla», porque -a su juicio- sus palabras se quedaron en una «media rectificación». Para el portavoz de ERC en la Cámara catalana, Joan Ridao, la de Maragall ha sido una rectificación con «la boca pequeña», pero ha actuado con «voluntad y afán conciliador».