| Crónica | El mundo reza por Wojtyla |
León se une a la oración global
La basílica de San Isidoro recibe una cascada de fieles, que como en todo el mundo acompañaron al pontífice con sus plegarias y su afecto, especialmente en su Polonia natal

Una sensación de vigilia inunda el interior de la basílica de San Isidoro cuando llega la noche. Todo el mundo sabe ya a esa hora que el crítico estado de salud del Papa es irreversible. Se va el sucesor del apóstol San Pedro. El desánimo dibuja algunos rostros, pero el ambiente es de recogimiento y silencio. El abad confirma que la colegiata ha sido especialmente visitada durante las últimas horas. «Juan Pablo II ha sido un hombre extraordinario, dialogante con las diferentes creencias y con la gente. Siempre me ha parecido un Papa espiritualmente muy atractivo en comparación con otros», dice a las puertas del templo románico Carmen Rodríguez. «Hoy es un día importante para rezar por el Papa», comenta Ana Isabel Campos, una joven cristiana que participó en el encuentro multitudinario del Santo Padre con miles de jóvenes de todo el mundo en Madrid. «Existe la fe y la ilusión, nunca desánimo. La Iglesia, como la humanidad, está viva», dice el joven que la acompaña a la iglesia. Tocan las campanas a deshora. El tañir evoca luto, pero no hay sorpresas. Al fondo de la basílica se inicia la adoración nocturna. En los cinco continentes El dolor del Papa se vio acompañado ayer por las oraciones de los fieles católicos y de otras confesiones en los cinco continentes, que acudieron a los templos de forma espontánea, sin esperar la llamada de los religiosos. El recogimiento por el destino del Pontífice fue especialmente sentido en Polonia. Cientos de jóvenes acudieron ayer al santuario mariano de Czestochowa, al sur de Polonia, para implorar a la virgen negra, por la que el Papa sentía una especial devoción. Allí, junto a la imagen religiosa, se encuentra el cinturón de Juan Pablo II con los agujeros que le provocaron en 1981 las balas de Alí Agça. Quiso que esta prenda se depositara en ese templo como símbolo de la intercesión de la virgen de Czestochowa. Karol Wojtyla pensaba que le había salvado la vida. Según su abogado, el turco que atentó contra la vida del Pontífice también rezaba por él en la cárcel de Estambul. En vísperas del Sabbath, hasta los judíos polacos rezaron por el Papa en la sinagoga de Varsovia, recordando el esfuerzo de Juan Pablo II por acercar a cristianos y judíos. En Wadowice, su ciudad natal, el dolor era si cabe más palpable. Los católicos acudieron en procesión permanente a la explanada de la basílica de San Pedro, rezaron en la catedral de San Patricio de Nueva York, en la de Saint Mary de Sidney (Australia). Encendían velas en el santuario mariano de Fátima, en Lourdes, en Belén (Cisjordania) o en Bangalore (India). En Roma, la gente se congregaba en las inmediaciones del Palacio Apostólico del Vaticano con la mirada puesta en las ventanas del tercer piso, donde agonizaba el Pontífice. Más tarde, asistieron al rezo del rosario que convocó el Vaticano. Los santos lugares de Israel se convirtieron en lugares simbólicos para recordarle, mientras que las comunidades católicas africanas acudían a los templos de Kenia, Nigeria o Burundi. Decenas de miles de fieles de Filipinas, el país con mayor número de católicos de Asia, organizaron multitudinarias vigilias.