«Roma siente al Papa como suyo»
El sacerdote leonés Alberto Casado, que reside en Roma en la parroquia de San Juan Evangelista, asegura que en estos días en Roma se entremezclan los sentimientos de tristeza y gratitud
«Siento que me falta la referencia, no sólo como católico y como sacerdote, sino como persona», con estas palabras, Alberto Casado, sacerdote leonés de 28 años que desde hace tres vive en la parroquia de San Juan Evangelista, al sur de Roma, expresa su pesar por la muerte del Papa Juan Pablo II, al que considera una «regalo de Dios» para el mundo y una persona con una vitalidad, que impresionaba nada más verlo. «El ambiente es extraño. La gente está triste, llora y reza, pero a la vez está agradecida por todo lo que el Santo Padre nos ha dado, que ha dicho mucho, de verdad», afirma con total rotundidad Alberto Casado, para quien nadie como los romanos o los que viven en Roma para expresar el sentimiento de lo que supone la muerte de Juan Pablo II. «En Roma, la figura del Papa la sienten como suya y no les falta razón», puntualiza y acto seguido argumenta su afirmación: «El Vaticano es Roma y Roma es el Vaticano. Yo mismo como sacerdote cuando oficio misa pido por nuestro Papa y Obispo de Roma, pero es que, además, los romanos querían de manera especial a este Papa», explica el sacerdote leonés. Comunicárselo a los jóvenes A Alberto Casado le correspondió la triste misión de informar de la muerte del Papa, a los jóvenes de su parroquia de San Juan Evangelista. «Había sido una jornada muy larga. Llevábamos días rezando por la salud del Papa y cuando comuniqué a los jóvenes que Juan Pablo II había muerto el silencio fue absoluto, no olvidaré nunca ese momento, me sobrecogió», explica Casado. Pero si algo le ha sorpendido sobremanera ha sido la sensación de paz y de tranquilidad que se respira en torno a la plaza de San Pedro, «si excluimos a los medios de comunicación», indicó. «Hoy -por ayer- he estado allí y he visto como, en torno a las dos de la tarde, ríos y ríos de gente se dirigían pausadamente hasta la plaza, para poderse hacer con un buen lugar desde el que ver al Papa. Recorrí la Vía de la Conciliación, estuve en una de las casas en las que estarán hospedados los cardenales antes del cónclave y todo esto lo hice paseando tranquilamente, sin que nadie me perturbara», explica Alberto Casado. Según sus palabras, Roma es un poco rompeolas, como todas las grandes ciudades, pero ésta si cabe más caótica, pero también muy hospitalaria. «Llevo aquí tres años y ya me siento romano», afirmó, para acto seguido afirmar: «Te sientes parte de la ciudad, de la Iglesia de Roma y eso te impregna desde el primer momento». Asegura que los próximos días, como los pasados, serán jornadas de oración, de recuerdo, de visita a la plaza de San Pedro y, todo, encaminado hacia el viernes, hacia el día del funeral, que para la gente de Roma, según explica, «es la culminación de todo». Sufrimiento De lo que no quiere oir hablar es de que el Papa era mejor que muriera para que dejara de sufrir. Alberto Casado tiene claro que lo que el Papa, a lo largo de su vida, ha enseñado a todo el mundo es que el sufrimiento nunca pudo con él. «Nos enseñó a aprender a vivir con el sufrimiento, como Cristo sufrió en la cruz, por esta razón todos los católicos rezábamos para que pudiera superar, una vez más, su enfermedad, para que siguiera entre nosotros», indicó el joven sacerdote leonés, para quien la figura del Papa ha sido fundamental en el devenir de su vida, según se desprende de sus manifestaciones y aseveraciones.