La duquesa de Cornualles es ahora la segunda mujer más poderosa de la familia real inglesa, después de la reina

Carlos y Camilla, por fin casados

El enlace se produjo en un ambiente muy sencillo y de inusual frialdad para un príncipe heredero

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M. Allende - corresponsal | londres
León

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Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles iniciaron ayer una vida en matrimonio tras un noviazgo de casi 35 años y que durante largo tiempo se convirtió en una relación secreta y adúltera por parte de ambos. La ceremonia civil, que tuvo lugar a mediodía en el Ayuntamiento de Windsor y a la que asistieron unos treinta invitados, fue sencilla y apenas duró algo más de quince minutos. Los novios llegaron hasta las puertas del consistorio de Windsor, al noroeste de Londres, en el Rolls Royce que les prestó la Reina Isabel II, el mismo vehículo en el que acudieron a su boda Eduardo y Sofía. Eran las 12.27, de la mañana (hora en España). Camilla es desde ayer duquesa de Cornualles y la segunda mujer más poderosa dentro de la familia real, después de la soberana. Camilla parecía sonriente, relajada, aunque a medida que pasó la mañana los nervios hicieron acto de presencia. Quince minutos antes de la ceremonia, en una mañana que se mantuvo muy fría y a intervalos soleada, llegaron en un autocar los invitados, entre ellos quince miembros de la Familia Real británica, incluidos los dos hijos de Carlos, Guillermo y Enrique. En quince minutos La ceremonia privada duró algo más de quince minutos (concluyó pasadas las 12.50 del medio-día), al término de los cuales los novios, ya matrimonio, abandonaron el Ayuntamiento de Windsor y saludaron a las cerca de 15.000 personas que se habían acercado hasta los alrededores del Ayuntamiento para presenciar en vivo el singular evento. Se trataba de una multitud modesta comparada con las 800.000 personas que se acercaron a la catedral de San Pablo en 1981 para ver a Carlos contraer matrimonio con Diana. De hecho, los medios de comunicación británicos no cesaron de comparar los actos de ayer con los de hace 24 años. Camilla sonreía muy animada a los allí congregados mientras brillaban los flashes de las cámaras fotográficas. Los invitados posaron durante varios minutos junto a los novios ante los fotógrafos mientras el público enarbolaba cientos de Union Jack, la bandera británica. «Seriamente nos arrepentimos y de todo corazón pedimos perdón por nuestros pecados. Su recuerdo nos aflige, su carga es intolerable» Pasaje del Libro de la Oración Común leído por todos los asistentes

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