Cinco horas con Mario

Las intervenciones del Pleno mostraron las mil y una maneras de tirarse los trastos a la cabeza entre PP y PSOE con la apariencia de que sólo se hablaba de León

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A. Caballero - león
León

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El anecdotario popular ofrece una manera infalible para poder diferenciar a un leonés entre los bañistas de una playa nudista: siempre lleva una chaquetina por si refresca. Como en el caso de ayer. Un Pleno en el que todas las mociones eran tendentes a reivindicar cosas para León, había llegado la primavera a la ciudad -no sólo a la Chantría-, hacía sol, no existía miedo a esconder nada y nadie tenía por qué tapar ninguna vergüenza. Pero, por si acaso, la rebequina sobre los hombros no estorbó durante las cinco horas que se extendió la sesión, en la cual hubo tiempo suficiente para que PP y PSOE divagaran a sus anchas; con UPL como espectador y De Francisco en el papel de abogado de la acusación en algunos momentos. El de fiscal, se lo repartieron. Entre Francisco Saurina y Mario Amilivia. El primero leía una a una las mociones cual secretario del Ayuntamiento -«la del Plan Oeste», musitó con desgana avanzada la mañana- y el otro entraba al debate con ganas de mostrar que en la merienda, la cesta la llevaba él. Lo había avisado Vicente Canuria: «Torero saltarín, cogida segura», le dedicó a Pérez Cubero, y el resto hizo oídos; menos el alcalde, que apuntó que su concejal de Personal «tiene cuajo y arte para recibir y templar». Tiempo de San Isidro, que no de cosechas. «¿Estamos a setas o a rolex?», preguntó de Francisco, que no andaba contento con las reticencias de los socialistas, «innocuos e inicuas», todo reparos a la hora de debatir las mociones que con tanto mimo se habían diseñado, Zapatero en mente. Y es que el primer teniente de alcalde, que reconoció ser «el menos racional», no entendía si es Alta Velocidad o Velocidad Alta lo que llegará a León, porque todo le sonaba a filfa. «¿Se me entiende?», aventuró Francisco Gutiérrez, que tuvo que defender casi todos los puntos de su grupo. Había pasado gran parte de la mañana de Santa Rita en la Subdelegación de Gobierno para coger datos. Se notó, y pese a que le recordaran que ha llegado a la política hace poco, cuando habló, palabras dijo: «El suelo industrial que promueve la Junta sale un 30% más caro que en Boecillo; Gesturcal no hace promoción sino negocio», lanzó. Había que defenderse, que los populares llevaban media mañana con el Gobierno central en la boca. Se acordaban hasta de Felipe: «Se pasaron 14 años y no construyeron ni un sólo kilómetros de autopista o autovía», se calentó Saurina. «Ustedes sí que han conseguido salida para los leoneses, pero en el Alsa para Madrid», le atajó García del Blanco. «No interesa saber quién de los dos es peor», intermedió De Francisco. Se hablaba de cosas locales, pero parecía el Debate sobre el Estado de la e-moción. «La política requiere un matiz que no todo el mundo tiene», dejó deslizar Mario Amilivia, a quien el portavoz socialista había preguntado con malicia si Isabel Carrasco era su jefa, so pretexto de atribuirle el mérito de dejar escapar el Banco de España de la capital leonesa. Mientras, Chamorro, que se desmarcó rápido del campo de batalla «de la demagogia», avivó el seso cuando oyó hablar de Tomás Villanueva: «Ese señor los más cerca en Murcia». Y cambió de frecuencia: «La federación de balonmano es EHF», puntualizó; «IHF», se encabezonó De Francisco; «sí, y UHF». La mañana se había hecho tarde, ya dentro de las cinco horas con Mario -Amilivia- jocoso aún: «Mando un abrazo a Villalba». «Nos sumamos al abrazo y a la votación», contestó Francisco Fernández. «Nosotros a la suya también. Nos sumamos todos», sonrió el alcalde. Parecía el vestuario del equipo de fútbol juvenil de la Peña de finales del siglo pasado: «En defensa los espacios convergen hacia dentro. En ataque los espacios convergen hacia fuera», arengaba el míster a sus pupilos delante de la pizarra. Y es que aquí, no diverge nadie. Son vicios.

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