El negociador
El proceso de paz no ha comenzado y quien debe ser uno de sus protagonistas está en prisión. Y la banda, que debe «disolverse» antes de empezar a hablar, comete su atentado más grave desde hace meses. Fuentes del Gobierno desconectaban ayer por completo los dos hechos. Pero el paisaje deja claro lo lejos que está la paz. Y lo equivocados que están los optimistas y los pesimistas. Ni Zapatero va a lograr la paz en esta legislatura como creen algunos, ni tienen sentido los nervios del PP porque, de momen-to, el único diálogo que hay es de sordos. Para el Gobierno, el atentado de ETA quiere ser una demostración de fuerza anterior a la simple aceptación del deseo, sincero o no, de dialogar. Fuentes de la lucha antiterrorista aseguraron ayer que no les ha sorprendido, que la guardia no se había bajado en ningún momento pese a las «esperanzas de paz» y que tampoco descartan más atentados, aunque no hay una alarma especial. En cualquier caso, aseguran que el discurso del Gobierno no se va a mover por nada de lo que haga ETA, a no ser que abandone las armas. Mejor que Ternera Desde el otro lado de la mesa, el encarcelamiento de Otegi es una demostración de fuerza del Estado de derecho (no del Gobierno) al que no le afectan las «ansias de paz» sino las leyes. Pese a la sonora protesta, a Batasuna no le ha sorprendido. Lo daban por hecho y por ello Salaberria, con más peligro de prisión incondicional, se fugó. Más allá del aperitivo previo a la mesa, la situación deja claro quiénes serán los protagonistas de la hipotética negociación. El encarcelamiento de Otegi servirá de hecho para reforzar su papel de interlocutor de ETA. La cárcel y la cuestación popular para pagar su fianza van a aumentar si cabe su caché en el entorno etarra. Y también Zapatero, que desprecia su discurso y su trayectoria, prefiere sin duda sentarse con él en una mesa antes que hacerlo con Josu Ternera. En todo caso, el Ejecutivo recuerda que Aznar ya se sentó con el mismo Antza y con Carmen.