Diario de León

Los excursionistas desoyeron las advertencias del guía sobre el peligro de hacer una barbacoa en la zona

Detenido uno de los causantes del incendio que mató a once personas

Las víctimas quedaron atrapadas por una ola de fuego que subió de repente desde un barranco

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León

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«No hace día para hacer fuego». Emilio Moreno, guía de la Cueva de los Casares, se lo advirtió a los excursionistas a los que acababa de enseñar el lugar. No le hicieron caso. Antes de que él saliera de la cueva, al-gunos miembros del grupo llegado desde Madrid hasta Riba de Saelices (Guadalajara) habían encendido una barbacoa. Poco después era ya tarde. Las brasas provocaron un fuego que aún sigue activo, que ha arrasado más de 12.000 hectáreas del Alto Tajo y que ha causado la muerte de 11 personas,que se vieron sorprendidas por una ola de fuego que subió de un barranco. Cinco de los nueve excursionistas supuestamente responsables del incendio declararon ayer ante la Guardia Civil. Sólo uno, Marcelino Herche, que se autoinculpó, fue imputado y detenido. Los causantes del siniestro podrían ser declarados culpables de un delito de incendio e incluso de uno de homicidio por impudencia, penado hasta con veinte años. El guardia de la cueva aseguró ayer que los excursionistas contestaron a su advertencia pidiéndole que no se preocupara. Incluso le invitaron a tomar «unas chuletitas», cosa que rechazó. «Sé lo que hago», dijo este excursionista. Pero no era cierto. Tras encender las brasas, el grupo se bañó en una alberca cerca del merendero. Cuando regresaron, el fuego se había extendido a un campo. Intentaron detener las llamas recogiendo agua de la alberca en una nevera portátil, pero desistieron. El fuego escapó. La Guardia Civil recogía aún ayer posibles pruebas en el lugar. Los restos de la barbacoa, una chuleta y varias morcillas, permanecían todavía allí. En contra de lo que se ha dicho, no hicieron el fuego en el suelo sino en el espacio reservado para ello. Pese a la evidente imprudencia de los excursionistas, lo cierto es que no existe en los alrededores ningún cartel advirtiendo del peligro de encender fuegos en días de viento o secos. Tras advertirles del peligro, el guía regresó al pueblo. Fue un vecino que trabajaba en el campo quien dio la alarma. «Sería necesario que los incendios forestales fueran considerados como crimen contra la humanidad por las consecuencias que conllevan» SANTIAGO GRISOLÍA, premio Príncipe de Asturias

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