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Contraespionaje en Marbella
Juan Antonio Roca sospechaba que era perseguido y puso en guardia a la policía marbellí para que vigilara a los investigadores. El juez aceleró la operación para evitar que huyera
Imagen facilitada por la Policía en la que puede verse en una fotografía a Roca durante una cacería
Juan Antonio Roca, J.R ., el cerebro de la trama de corrupción de Marbella, vivía en el más ostentoso de los lujos pero también obsesionado ante la posibilidad de que la policía llegara a conocer la envergadura de sus negocios sucios. En los últimos meses, conforme avanzaba la investigación de la Unidad de Delincuencia Especializada y Fiscal (Udef), llegó a poner en marcha una suerte de guardia pretoriana que, además de protegerle, se dedicaba a hacer labores de contravigilancia para detectar cualquier movimiento de las fuerzas de seguridad. Según desvelaron ayer fuentes del caso, los diez agentes de la Udef que trabajaron sin descanso desde noviembre del 2005 para recabar las pruebas que han llevado a J.R. a la cárcel se «desvivieron» para evitar ser descubiertos. Juan Antonio Roca utilizaba a buena parte de la Policía Local de Marbella para controlar los movimientos de los funcionarios. Los miembros de la Udef tuvieron incluso que prescindir de seguimientos en vehículos camuflados porque el asesor inmobiliario hacía comprobar a los agentes municipales las matrículas de los supuestos coches K utilizados por los funcionarios. Especialmente delicada fue la investigación en los registros de la propiedad y mercantil. Los agentes tuvieron que consultar los archivos sin identificarse como miembros de las fuerzas de Seguridad y recurriendo a informáticos para borrar cualquier rastro que les delatara y pusiera sobre aviso al asesor urbanístico de Marbella. El cerebro de la red era consciente en las últimas semanas de que estaba siendo investigado y de que los funcionarios habían llegado hasta buena parte de las 120 empresas pantalla que había puesto en marcha para ocultar sus corruptelas y que conocían que testaferros y abogados gestionaban un millar de cuentas corrientes en su nombre. Ante la posibilidad de que Juan Antonio Roca huyera al extranjero, la Dirección General de la Policía dio la orden de desatar la macro redada que hasta ahora se ha saldado con 24 detenidos y bienes incautados por valor de 2.400 millones de euros. El director del cuerpo, Víctor García Hidalgo, destacó ayer que el «rotundo éxito en la Operación Malaya» se ha debido la «obra de ingeniería policial para seguir el recorrido del dinero que acompañaba a esas actuaciones de corrupción». Los agentes de la Udef todavía no se atreven a adelantar qué cantidad de dinero obtuvo Roca gracias a la trama inmobiliaria, ni siquiera osan a valorar las pertenencias incautadas al detenido. La colección de Roca El Ministerio del Interior distribuyó este miércoles las primeras imágenes de las dos fincas de Juan Antonio Roca. La primera de las mansiones, llamada La Caridad y ubicada en Marbella, incluía un establo con una decena de caballos de pura sangre, una capilla con un rico retablo, varias estancias enormes adornadas con colecciones de artes y una sala de armas con un completo arsenal de escopetas labradas. Sin embargo, lo más destacado es el inmenso pabellón de caza de esta finca, que alberga todo tipo de animales salvajes disecados y trofeos: osos pardos, un oso polar, elefantes, un búfalo, hipopótamos, rinocerontes, antílopes, tres leones, un leopardo, cocodrilos, e , incluso, una jirafa. Esta colección -recordaron fuentes de la investigación- le ha valido a Roca ser denunciado también por varios delitos ecológicos. La policía investiga ahora cómo el gestor inmobiliario pudo introducir en España tal cantidad de animales protegidos sin ser descubierto y si corrompió algún funcionario aduanero. El propio detenido decoró el pabellón de caza con varias fotos suyas de safari junto a los animales muertos. Roca, además, tenía un tigre vivo enjaulado en su mansión de Marbella. Por su parte, la finca La Loma , en Murcia, tenía un helipuerto privado, otra capilla, una nave con todo tipo de vehículos, entre ellos un antiguo autobús, una gran bodega, varias salas con obras maestras y viejos tapices y un inmenso cuarto de baño con un Miró colgado junto al borde del jacuzzi.