Diario de León

«Agobiados y en tensión»

Los juzgados de violencia de León y Ponferrada trabajan bajo el signo de la incertidumbre y la falta de organización provocadas por la complejidad del proceso

Ana Gaitero
León

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La falta de previsibilidad sobre los asuntos que entran cada día en un juzgado de violencia y la incertidumbre sobre qué va a deparar la jornada son las dos notas características que destacan las oficinas judiciales del juzgado de instrucción número 4 de León y el de primera instancia e instrucción número 5 de Ponferrada. Lograr encajar el puzle de atestados policiales, citaciones, presencia de letrados, fiscales e informes forenses para celebrar los juicios rápidos -más de 300 el año pasado- supone trabajar en condiciones de «agobio y preocupación», con la «sensación de estar de forma permanente de servicio de guardia» y en permanente «estado de tensión y ansiedad» porque, según el testimonio del juzgado número 4 de León, las resoluciones judiciales que implican órdenes de protección o medidas cautelares civiles o penales hay que remitirlas inmediatamente. El juzgado de Ponferrada dibuja una situación aún más agobiante. «La única respuesta posible es desorganización», manifiesta la titular, Eva María Chesa, ante la falta de previsibilidad de los asuntos que entrarán cada día en el juzgado sobre violencia que, además, es un «juzgado mixto que comparte funciones de instrucción con civiles, amén de las propias sobre violencia sobre la mujer». En esta situación, «es prácticamente imposible llevar una agenda de señalamientos con las vistas diarias o semanales que se consideran mínimamente necesarias en un juzgado de primera instancia para evitar bochornosas dilaciones» en procedimientos de separación, divorcio, verbales y ordinarios. Los «huecos» horarios que se aconseja dejar en los juzgados de violencia sobre la violencia que comparten asuntos ordinarios «por si acaso hay casos de violencia» supone, según esta magistrada, «retrasar con el tiempo en meses los señalamientos civiles» pues hay días que esos huecos quedan vacíos por no presentarse casos de violencia. «Es casi imposible comenzar las vistas o demás señalamientos así como las diligencias de violencia a la hora señalada», agrega. Entre los problemas más cotidianos que se encuentran esta juez menciona atestados policiales incompletos, que «adolecen de una falta de contenido mínimo que debe tener todo atestado de violencia de género, las mínimas diligencias que deben practicarse». Otras veces, «los letrados llegan tarde y cuando por fin aparecen el fiscal designado se ha ido a celebrar otros juicios para los que ya estaba citado». Cuando se logra comenzar el retraso puede ser de más de una hora, que repercute también sobre todos los casos señalados después. «Incluso a veces el civil u otras declaraciones señaladas pueden llegar a suspenderse con el consiguiente perjuicio para el resto de ciudadanos y justiciables», subraya. Es frecuente que la secretaria, la magistrada y el personal de la oficina tengan que prorrogar su jornada laboral «mucho más allá de lo que corresponde», para que ningún asunto quede a medias. En el juzgado de violencia, el teléfono no para de sonar, las víctimas llegan muchas veces «pidiendo consejo o exigiendo retirar la denuncia en cualquier momento del día, algunas fuerzas policiales llaman con reiteración qué y cómo deben hacer, a qué hora señalar el juicio o citar a las partes». Y el trabajo se duplica de un día para otro, «sin anticipación alguna si la víctima retira la denuncia o el imputado incumple la orden de protección».

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