Al cierre de la edición se contabilizaban 42 muertos y 32 heridos en el accidente ocurrido en la línea 1
El metro descarriló por exceso de velocidad y la rotura de una rueda

Al menos 42 personas murieron y otros 32 viajeros resultaron heridos de diversa gravedad ayer en Valencia cuando dos de los cuatro vagones de un convoy de metro volcaron en una curva muy pronunciada, justo cuando el tren de la línea 1, la más antigua y transitada de la ciudad, entraba en la estación de Jesús. Las primeras investigaciones determinaron que la velocidad excesiva y la rotura de una rueda fueron la causa del accidente. Entre las víctimas mortales figura una mujer gallega, María José Vázquez Novas, natural de Santiago. La pesadilla de un atentado envenenó el pensamiento de muchos, los ataques de hace un año en el metro de Londres acudieron a la mente, pero lo temores enseguida se disiparon. Lo que no desapareció fue la sangre en las vías del metro de Valencia, teñidas de rojo tres minutos después de la una de la tarde. A esa hora, miles de usuarios se agolpaban en las estaciones y los trenes de las cinco líneas de metro de la capital del Turia. En el convoy accidentado viajaban 120 pasajeros. Era un tren de cuatro vagones de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV), que cubría la línea amarilla, la 1, que re-corre la ciudad de norte a sur, con destino a Torrent. El metro -un UTA 3.700 diseñado en la década de los ochenta y de 60 metros de longitud- había cargado decenas de viajeros en la céntrica parada de Plaza de España y se disponía a entrar en el frecuentado apeadero de Jesús, cruce de líneas en el corazón del popular barrio de Patraix, en el suroeste de la ciudad, y que a esas horas estaba atestado de pasajeros que trasbordaban desde la línea 5. Inexplicable acelerón De acuerdo con la versión de la subdelegación del Gobierno y de varios viajeros supervivientes, el convoy, tras un inexplicable acelerón, cogió una velocidad excesiva al encarar la última curva antes de entrar a la parada de Jesús, un tramo considerado como peligroso y en el que existen advertencias a los conductores para moderar la velocidad. Aunque no estaba sobrecargado -sólo estaban ocupados los asientos, sin gente de pie-, el tren empezó a dar bandazos cada vez más violentos, hasta que el primero de los cuatro coches terminó por descarrilar. Al mismo tiempo, una rueda del segundo vagón se rompió por las fuertes sacudidas. Una concatenación de circunstancias que acabó con el vuelco de los dos primeros coches articulados, unidos entre sí. Los dos vagones delanteros fueron entonces embestidos por los dos posteriores y se desplazaron varios metros por la inercia de las más de 90 toneladas de peso del convoy. Además, varios de los elementos del tren chocaron contra las paredes del túnel y causaron desprendimientos de parte de las galerías y roturas en la catenaria. Una «inmensa nube de polvo y humo» y «una tormenta de chispas», según testigos presenciales, inundaron toda la galería. El pánico se apoderó de los 150 viajeros que aguardaban en la estación de Jesús. La avalancha de personas se dirigió a la salida sin que, por suerte, se produjeran víctimas o intoxicados por humo gracias a que los trabajadores del metro abrieron los tornos para facilitar la evacuación. En esos momentos de confusión lograron entrar desde la parada de Jesús las primeras asistencias sanitarias. Las cuadrillas de rescate encontraron un paisaje «dantesco»: varios cuerpos de pasajeros mutilados habían quedado atrapados entre los hierros y esparcidos por las vías. Había restos humanos por las paredes de la galería. Otros cadáveres estaban dentro de los coches. Del interior de los vagones intentaban salir algunos supervivientes ensangrentados que habían roto a patadas los cristales de las ventanillas, aunque la mayoría de los heridos permanecía inconsciente o en estado de shock. Casi todos los fallecidos -explicaron fuentes sanitarias- se encontraban en los dos primeros vagones volcados y fueron arrollados por el resto del convoy.