Diario de León
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Manuel Campo Vidal - madrid
León

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Mal tenía que andar el sondeo del PSC porque al final reclamó una sobredosis de Zapatero. El PSOE envió una vez más al presidente pero, además, a su discretísima esposa que, a diferencia de sus antecesoras en Moncloa, no sale de su casa y de sus cánticos salvo que venga el Papa. Aún así, el batacazo ha sido importante, en definitiva porque el empacho del Estatut aún no se le ha perdonado a la clase política catalana. A toda ella: casi la mitad de la población le ha dado la espalda. Con esa abstención, de entrada pierden todos. Alguien gana algo: Iniciativa per Catalunya, especie de refugio de voto que añora la transición, y Artur Mas que avanza pero se queda lejos de lo que esperaba, aunque sea el primer partido. Montilla pierde especialmente en su feudo, la circunscripción de Barcelona; Piqué retrocede algo y, sorprendentemente, Carod Rovira se salva aunque baje algo. Seguramente ERC ha descendido en voto pero, al bajar el nivel de las aguas participativas, flota. Y Ciutadans de Catalunya, avisa que está ahí. Es la gran noticia. Le ha estropeado algún escaño al PSC y quizás al PP. Que tomen nota. Con ese cuadro escénico toca gobernar y entonces la comedia se convierte en drama. Sumar 68 escaños no lo consigue Convergencia más que con Esquerra, lo que estremece a los empresarios, o con el PSC. Montilla ya anunció que no sería primer consejero de Mas, así que sólo le quedaría en esa hipótesis dejar paso a su número dos, Antoni Castells, por ejemplo, para esa gran coalición a la alemana. En las primeras elecciones catalanas el PSC tuvo esa oportunidad pero Reventós, ofendido porque pensaba ganar, no quiso ser «primer ministro de Pujol» y hubo que esperar 23 años para tocar poder catalán. Fuera de esas combinaciones, solo está un gobierno a tres: PSC, Esquerra e Iniciativa que en palabras malditas se traduce como tripartito. Claro que con Montilla el tripartito se ahorraría excentricidades varias pero mejor iría la posible experiencia con una Esquerra en descenso y una Iniciativa más fuerte. Así termina la primera vuelta de las elecciones catalanas. La segunda, la de la formación de Gobierno, empezó ayer noche y promete ser muy tensa. Si Mas queda fuera, ya ha anunciado que la armará, aunque de hecho tenga poca razón: en democracia hay que ganar pero además, si no hay mayoría absoluta, hay que sa-ber aliarse. Si Montilla cede a la «sociovergencia», que tan bien le vendría a Zapatero para su reelección, tendrá problemas en casa. Y si se monta otro tripartito será lo más parecido al premio de la Montaña (de Montserrat, por supuesto) para penar culpas propias y ajenas y devolver la fe perdida a la ciudadanía. Ni con Sonsoles la recuperó.

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