Seis militares y cuatro civiles leoneses participan en la reconstrucción de un territorio mortificado y en creciente peligro

El siglo en el que vive Afganistán

La amenaza de los talibanes, el opio y los señores de la guerra lastran una democracia artificial

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Marco Romero - herat / badghis
León

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«Hasta ahora todo esto es muy tranquilín», afirmaba el pasado lunes uno de los seis militares leoneses del contingente español que contribuye a la estabilización política de Afganistán en el marco de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (Isaf), operación de Naciones Unidas liderada por la Otan que cuenta con unos 30.000 efectivos de 37 países. El sargento primero Victoriano Andrés Méndez, originario de Sahechores de Rueda, hacía sus declaraciones en el aeródromo de Qala i Now, a unos 45 minutos en avión del aeropuerto que un día después se convirtía en objetivo de un atentado suicida talibán, como consecuencia del cual resultaron heridos diez soldados afganos y dos civiles. Al día siguiente, un helicóptero del Ejército español era tiroteado desde tierra sin que el fuego alcanzase la aeronave. Y a partir de ahora todo será mucho más complejo. Los talibanes han anunciado una fuerte ofensiva cuando mejore el tiempo, circunstancia que se producirá en el plazo de un mes, y resulta preocupante el avance de sus fuerzas desde las provincias de Kandahar y Helmand, al sur del país, hacia el área controlada por las tropas españolas y en donde también se encuentra un nutrido equipo de civiles que colaboran en el programa de recuperación y estabilización política. Cuatro de los doce componentes civiles del Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) son de León, mientras que el Ejército cuenta con seis leoneses entre su contingente de 690 militares. Ocho ataques en medio año Las bases españolas han sufrido ocho ataques en el último medio año. Aparte de los dos atentados suicidas, una táctica relativamente nueva para los talibanes, la sensación de inseguridad ha crecido con situaciones como la desactivación de una bomba en uno de los aeródromos militares o los reiterados ametrallamientos a los soldados. A ello hay que sumar la creciente amenaza de los grandes narcotraficantes y de los señores de la guerra que se disputan el control de varias regiones. La zona oeste de Afganistán, donde se encuentra el contingente civil y militar español, es un auténtico erial rodeado de una cadena montañosa sin ningún tipo de vida. A vista de pájaro, la estampa de interminables montañas doradas sólo se rompe con pequeñas reservas de agua a las que resulta prácticamente imposible acceder. Sólo es un terreno franqueable para los TOM, unos tanques oruga parecidos a pequeños carros blindados que salvan los rigurosos desniveles pedregosos de un paisaje difuminado por el polvo que levantan a su paso. Vuelos tácticos por seguridad Es la imagen que se observa desde el Hércules donde viajó la delegación española que acompañó esta misma semana al ministro de Defensa, el leonés José Antonio Alonso, en su segundo viaje a Afganistán desde que relevó en el cargo a José Bono. La brusquedad de los aterrizajes y despegues en esta aeronave responde a la necesidad de efectuar vuelos tácticos que refuercen la seguridad de la tripulación y el pasaje frente a un posible ataque talibán. Los últimos cinco minutos del viaje equivalen a una jornada maratoniana en cualquier parque de atracciones. El primer contacto con la realidad de las tropas españolas en Afganistán es la base de apoyo logístico avanzado Camp Arena, situada en una llanura junto a la capital de la provincia de Herat. Las instalaciones, también compartidas por efectivos de Italia, Eslovenia y Bulgaria, se encuentran bajo mando español. El autobús es el único medio disponible para trasladarse desde el aeródromo hasta el centro de la base, rodeada por una zona de seguridad con un perímetro de un kilómetro. Aunque su función es logística y militar para un área de responsabilidad que abarca más de 145.000 kilómetros, la base de Herat es esencial para reforzar la seguridad del personal desplegado en los equipos de reconstrucción provincial (PRT) que trabajan para la Agencia Española de Cooperación Internacional, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. Los 80 caídos, ya héroes En esta base se encontraban destacados los 17 tripulantes del helicóptero Cougar siniestrado hace poco más de un año y que ahora, convertidos en héroes, tienen en esta base un monumento que honra su memoria. El ministro Alonso aprovechó su estancia para tributar un homenaje en honor de los caídos, lista a la que se suma el nombre del soldado paracaidista Jorge Arnaldo Hernández, fallecido en un atentado terrorista en julio del año pasado, y los de los 62 tripulantes del Yakovlev 42 que se estrelló en Turquía cuando regresaban a casa desde Afganistán tras cumplir cuatro meses de misión humanitaria. Escalada de violencia por días En Herat se encuentran actualmente 430 militares, la mayor parte procedentes del Ejército de Tierra y destinados a la base de apoyo, aunque una veintena de efectivos operan en el Mando Regional Oeste (RC-W). La situación de este territorio es crítica frente a la previsible escalada de violencia en los próximos meses. No obstante, el Gobierno «no ha decidido ni tiene proyectado» sumar nuevos efectivos, tal y como explicó José Antonio Alonso en un momento de la visita. Zapatero lo reiteraba un día después en España. Esta decisión, que puede ser entendida como un desaire a la Otan -la alianza ha pedido a sus socios un inminente refuerzo de tropas-, será estudiada en la cumbre de ministros de Defensa que tendrá lugar en Sevilla la próxima semana. Sin cambios en la misión De momento, el cometido de los militares desplegados a Afganistán no variará. Los 690 efectivos continuarán realizando un amplio abanico de misiones, como garantizar la seguridad y el trabajo de los cooperantes de la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aeci) en su zona de responsabilidad y atender a la población afgana. La presencia de estos militares, al igual que el resto de los países que componen el contingente de la Isaf, a petición de Naciones Unidas y del propio gobierno afgano, responde al compromiso de la comunidad internacional para reconstruir y vertebral socialmente este país. El área controlada por los españoles en el oeste del sexto país más pobre del mundo incluye las provincias de Herat y Badghis, a su vez las más infortunadas. «Esto es tan pobre que ni siquiera es viable para plantar opio», dice de un modo muy clarificador uno de los efectivos desplazados a Qala i Now, la capital de Badghis. En ambos territorios viven-sobreviven más de un millón de habitantes. España en los 30 La miseria se palpa en unas calles que recuerdan a la España de hace 70 años. «Esto es como nuestro país en la época de la Guerra Civil, pero con móviles y coches», comenta el sargento primero Victoriano Andrés Méndez. Este militar con lazos familiares en Gradefes recibe en el nuevo areopuerto de Qala i Now con un gran cartel que reclama, entre otros periodistas, al del Diario de León. El viaje en Hércules hasta este aeródromo es aún más violento que el trayecto de cuatro horas entre Kuwait y Herat. El aeropuerto ha sido reconstruido por un grupo de civiles españoles, entre los que se encuentran cuatro leoneses. «Lo hicimos en 74 días con el apoyo de 118 afganos», dice orgulloso Florentino González Rodríguez, natural de Torneros de la Valdería. «Tuvimos que cargar a mano los sacos de 50 kilos de cemento para hacer la pista; es que no sabían ni lo que era el cemento», añade. Lleva cinco meses en el equipo de reconstrucción provincial de Qala i Now. José Antonio Cenador Villar, de Calzada de la Valdería, lleva un año en esta región donde el único pasatiempo de sus habitantes es la observación. La jornada la marca el día y la noche. Como mucho, un pequeño rebaño nómada o la paupérrima actividad comercial en las calles rompen la estampa del hombre reunido en torno a nada o la del burka que borra a la mujer, un ser sin derechos. Hasta el momento, se han realizado más de 80 proyectos de reconstrucción en esta provincia, entre los que destaca la reforma del aeropuerto de Qala i Now. El aeródromo estaba limitado anteriormente al uso de helicópteros. Ahora, tras los trabajos de acondicionamiento, homologación técnica de la pista -tiene una longitud de 2,2 kilómetros y una anchura de 25 metros-, diseñada, hormigonada y compactada por personal español, ya puede ser utilizado por aviones. Para la agencia de cooperación también trabajan Marco Antonio Solís González, de Valdepolo, y Álvaro Valbuena Puente, de Quintana de Rueda, ambos con medio año de estancia en esta provincia. Pasan el tiempo como pueden. «Después del trabajo tenemos mucho tiempo libre. Vamos al bar, hacemos fotos para el concurso...», relata Florentino ataviado con una camiseta de la Cultural. El concurso es un certamen de fotografía que se convoca semanalmente con un premio de 30 euros para el ganador. Florentino confía en conseguirlo esta semana con una imagen de unos burros tirando del arado. Lo cierto es que los integrantes de la agencia de cooperación están realizando una labor extraordinaria en beneficio de la población. Además de la mejora de infraestructuras como la instalación de alumbrado en calles y edificios públicos o la reparación de escuelas, mezquitas y carreteras, desde este equipo de reconstrucción se oferce asistencia sanitaria a la población afgana y se imparten clases de español a los niños y niñas. Toneladas de comida y agua El contingente militar ofrece un respaldo logístico y táctico desde la base avanzada de apoyo de Herat. Ha participado en el reparto de ayuda humanitaria y donación de material para la población en instituciones de la zona. En el 2006, según los datos aportados por el Ministerio de Defensa, se repartieron cerca de 20 toneladas de material de primera necesidad entre la población, 21 ordenadores, medicinas, grupos electrógenos y material agrícola. Asimismo, en el pasado mes de noviembre, coincidiendo con las inundaciones que afectaron muy directamente a la zona norte de Bagdhis, los soldados intervinieron de una forma muy especial atendiendo a las familias. Llegaron a repartir más de 50 toneladas de comida, agua, medicinas, mantas y tiendas. «Todo el mundo en España es consciente de su trabajo y de lo bien que lo están haciendo en Afganistán», dijo el ministro José Antonio Alonso en una de sus alocuciones frente a las tropas. Es precisamente el norte de la provincia de Bagdhis donde mayores problemas de seguridad existen en estos momentos dentro de este territorio. «Sabemos que las actividades de los enemigos aumentarán pronto». La frase es del gobernador de la provincia de Bagdhis, Mohamed Nassin, designado por el actual Gobierno afgano. Sugiere que sería necesario un batallón de apoyo en el norte, puesto que la mayor parte de las fuerzas se concentran en la zona sur «por razones estratégicas o presupuestarias», comenta traducido por un mando militar. «Quiero pedir a nuestros amigos [españoles] que pongan más patrullas que colaboren con nuestra policía, unas fuerzas auxilires que se muevan por la zona». Señores de la guerra Además de la seguridad, una de las mayores preocupaciones de Nassin son los narcotraficantes. Pide ayuda a España para que fumigue las plantaciones de opio que se extienden por todas partes y que ayudan a financiar a los señores de la guerra, nombre demasiado romántico para referirse a aquellos líderes hazaras, tayikos y uzbekos que lucharon en coalición con EE.UU. contra los talibanes y que se cobraron su victoria con el reparto de los territorios. Todavía hoy siguen a tiros. Suministrador mundial de opio Según el último informe del Departamento de Narcóticos y Crimen Organizado de Naciones Unidas sobre el cultivo de opio en Afganistán, la producción de esta adormidera creció en más de 600 hectáreas en las provincias controladas por el Ejército español. El país asiático ya es considerado «suministrador mundial único» al calcularse que la cosecha del 2006 sobrepasó las seis toneladas, lo que supone un incremento del 59% respecto al año anterior. El futuro de la participación española en este país amenazado por el narcotráfico, los señores de la guerra y los talibanes parece claro. «El objetivo es ayudar al Gobierno y a la sociedad afgana a salir adelante, pero la logística de nuestra tarea militar es seguir apoyando esa estabilidad para que en un plazo determinado las autoridades afganas se hagan con el control de la seguridad en el país», declaró el ministro Alonso en la base Camp Arena. Envío de un batallón-escuela Esta postura del Gobierno español, que de momento no incluye el envío de más tropas a Afganistán, es la que le ha llevado a decidir la financiación de uno o dos batallones que formarán a unidades militares afganas en asuntos de logística y táctica. Una iniciativa de este tipo le cuesta a España un 20% de lo que supondría enviar una nueva unidad al país asiático. Han pasado exactamente cinco años desde que España envió las primeras tropas a Afganistán. El contingente, con una media de 350 efectivos, estaba formado por unidades de mando, comunicaciones y apoyo logístico, ingenieros, un equipo de desactivación de explosivos y otro de apoyo al despliegue aéreo. En el 2005, el Gobierno trasladó parte del personal desplazado a Kabul para crear la base de apoyo avanzada de Herat y más tarde el equipo de reconstrucción provincial de Qala i Now, replegando todas sus fuerzas en la capital. «Matamos el tiempo como podemos. Eso sí, todos los días jugamos la partidina de tute», manifiesta Florentino González Rodríguez, originario de Torneros de la Valdería -en la imagen sostiene la bandera de León, que muestra con orgullo-. Florentino es uno de los cuatro de los doce leoneses que trabajan para la Agencia de Cooperación Internacional en el equipo de reconstrucción provincial de Qala i Now. Junto a él, el sargento primero Victoriano Andrés Méndez, natural de Sahechores de Rueda. «Sabemos que las actividades de los enemigos aumentarán pronto. Pedimos al Gobierno de España que envíe una unidad de apoyo a la policía afgana» MOHAMED NASSIN, gobernador de Bagdhis «Todo el mundo en España es consciente de su trabajo y de lo bien que lo están haciendo aquí» JOSÉ ANTONIO ALONSO, dirigiéndose al contingente de Afganistán

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