Diario de León

El «Nuestra Madre Loreto» planeaba atracar en Libia tras más de 24 horas de negociaciones

Un pesquero español rescata a una patera en Libia con 26 inmigrantes

El patrón intentó que los «sin papeles» no subieran a bordo para evitar un motín

Fotografía de archivo de José Durán, el armador de «Nuestra Madre Loreto»

Fotografía de archivo de José Durán, el armador de «Nuestra Madre Loreto»

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Xurxo Fernández - redacción | la coruña
León

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«Esto no se hace». José Durá, el armador del Nuestra Madre Loreto resumía, a última hora de ayer, el sentir de la tripulación de su barco. Tras más de 24 horas de negociaciones, el barco estaba próximo a llegar a Trípoli para desembarcar a los 25 inmigrantes que rescataron en torno a las once de la noche del miércoles. Durante todo el día, las noticias que recibían en el pesquero sobre la posibilidad de dejar en Libia a los sin papeles fueron confusas: «Primero nos dijeron en Salvamento que no iba a haber problemas, pero luego nos han estado mareando y ahora -a las 22.30 de ayer- aún no sabemos si nos van a dejar atracar», explicaba Durá a este periódico. El patrón del Nuestra Madre Loreto , José Luis Sestayo, natural de Camariñas, relataba por teléfono satélite a este periódico los pormenores del rescate: «Se nos acercó la patera por la noche y chocó con nosotros. Se quedaron parados cerca, con los motores estropeados así que decidimos remolcarles y les echamos un cabo». Sestayo convino con la tripulación -trece gallegos y un marinero de Santa Pola- no subir a los inmigrantes a bordo hasta saber el puerto de destino. «No queríamos que se amotinaran si al final nos decían desde España que los lleváramos a Libia», detallaba. Su decisión no contaba con la actitud de los sin papeles, que no querían quedarse en el pequeño bote (de unos seis metros de eslora). La misma noche del miércoles, uno de los subsaharianos se lanzó al agua agarrado a una garrafa y tuvieron que subirlo al pesquero. El resto permaneció en la patera, pero sólo hasta la mañana de ayer. «Les dimos víveres para desayunar y entonces empezaron a trepar por el cabo que los sujetaba a nuestro barco», recordaba en su conversación el patrón. El bote no resistió el zarandeo y volcó. «Tenían muchísimo miedo y empezaron a subirse unos encima de otros. Uno de ellos, muy joven, quedó sumergido por los empujones y se ahogó antes de que pudiéramos hacer nada», añadía. Tras el accidentado rescate, los inmigrantes fueron acomodados a bordo del barco, que tenía suficiente espacio porque ya había soltado los aparejos y el armador autorizó a Sestayo a poner rumbo a Libia. Las urgencias eran mayores ya que el cadáver del ahogado fue izado al barco y corría el riesgo de descomponerse. «Hasta que no sepa que han dejado a los inmigrantes en Trípoli y vuelven a hacerse a la mar no estaré tranquilo», señalaba Durá. Uno de los inmigrantes, Sauda Musa, cuenta que el rescate se produjo a los dos o tres días de travesía, aunque se niega a decir el puerto en el que partieron. Sí explica que pagí mil dólares en Costa de Marfil para llegar a Europa y conoció a sus compañeros en Abidjan. «Pagué mil dólares en Costa de Marfil para llegar a Europa» SAUDA MUSA Inmigrante que iba en la patera

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